¿Cómo puedes ayudar a tu audiencia a realizar el cambio que le propones?

Change

Foto obtenida en tecinetworks.com

No me cansaré de repetir las veces que haga falta que toda presentación debe conllevar un cambio. Una presentación de la que la audiencia sale exactamente igual que entró es una auténtica pérdida de tiempo.

Cuando preparamos una presentación, lo hacemos con un objetivo en mente. Con un cambio concreto que queremos que nuestra audiencia experimente. Una llamada a la acción que vamos a lanzar con nuestro mensaje.

Sin embargo, que les pidamos un cambio no garantiza que éste vaya a tener lugar. Cambiar es muy difícil.

Si quieres que tu audiencia cambie tienes que ponérselo fácil.

¿Cómo puedes ayudar a tu audiencia a realizar el cambio que le propones?

Sin ninguna duda, la forma en la que planteamos el cambio a nuestra audiencia es determinante para el éxito de nuestra llamada a la acción. Un cambio mal planteado puede desorientar o confundir a la audiencia. En cambio, plantear el cambio a tu público de forma adecuada puede ser fundamental para que éste consiga cambiar.

Quiero proponeros 5 claves para plantear objetivos a vuestra audiencia de forma que les ayude a alcanzarlos.

1.- Que quede claro cual es el objetivo

Es muy difícil que nuestra audiencia realice un cambio si no queda claro cual es el cambio que tienen que realizar. Esperar que la audiencia intuya o adivine qué es lo que queremos que haga es un gran error. Cuanto más concreto y explícito sea el cambio que les pedimos más fácil se lo pondremos a los oyentes y más homogéneo será el resultado. La audiencia no puede tener dudas sobre aquello que debe hacer cuando termine la presentación.

2.- Que sea un objetivo ambicioso pero asequible

Si lo que les proponemos no implica ningún reto, es difícil motivarlos hacia el cambio. Pero al mismo tiempo, si el reto es excesivamente difícil de alcanzar lo que haremos es desanimarlos.

Al pensar el cambio que queremos proponerles debemos buscar algo que sea lo suficientemente ambicioso como para entrañar algún tipo de dificultad, pero al mismo tiempo, que no sea imposible de conseguir. Debe tratarse de un cambio que exija un esfuerzo razonable por parte del público.

3.- Que quede claro por qué deben intentar alcanzarlo

Y para que el público realice el esfuerzo que le estamos pidiendo es importante que vean un beneficio en ello.

Si durante nuestra presentación no somos capaces de justificar el cambio que al final les vamos a pedir, es muy difícil que se impliquen en cambiar. Es por esto que la planificación y la estructura de una presentación es tan importante, ya que una presentación bien trabajada nos conduce al mensaje de forma lógica. Cuando el oyente recibe el mensaje, nuestra presentación ya lo ha preparado para que entienda la importancia o la necesidad de cambiar en el sentido que le proponemos.

4.- Si el objetivo está lejos, pídeles que lo hagan por etapas

La motivación de la audiencia para realizar el cambio dependerá de lo lejos que quede ese cambio respecto de la situación de partida (la actual).

Al igual que ocurre al andar, cuando se tiene la sensación (que no tiene por qué ser cierta) de que el destino está muy lejos, es mucho más fácil desanimarse que cuando se cree que está muy muy cerca. Si alguien nos pide un cambio que, aparentemente, implica poco tiempo, es mucho más probable que lo hagamos que si intuimos que para realizar lo que nos pide se requiere mucho trabajo.

Cuando el cambio que pedimos queda demasiado lejos, lo mejor es dividirlo en una serie de pequeños cambios mucho más asequibles. De este modo, por etapas, les será más difícil caer en el desánimo y se predispondrán a cambiar.

5.- Haz que sepan cuando lo han alcanzado

La motivación también depende de la sensación de acercarse al objetivo. A medido que avanzamos hacia el objetivo, darse cuenta que se van consiguiendo las etapas marcadas nos anima a seguir avanzando.

Por lo tanto, todos estos cambios que proponemos deben ser medibles para que el oyente pueda detectar en todo momento cuánto falta para alcanzarlo. Y para que cuando se logre, no quepa ninguna duda de ello.

Los objetivos no cuantificables pueden ser frustrantes porque nunca se sabe cuando se alcanzan. Los objetivos mesurables, en cambio, no dejan lugar a dudas.

El primer paso para conseguir que una presentación se traduzca en el cambio que deseas es saber plantear a tu audiencia ese objetivo de forma que les facilite el trabajo.

¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!

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