¿Cómo lograr que la audiencia entienda la magnitud de aquello que les tenemos que decir?

Teniendo en cuenta que, como ya hemos dicho muchas veces, una presentación debe suponer un cambio en la audiencia, un buen presentador debe saber gestionar correctamente los cambios. Y para ello, generalmente, es necesario saber trasladar un sentimiento de urgencia a la audiencia. En cierto modo, un buen presentador debe saber hacer saltar la alarma a sus oyentes.

Resulta fácil de escribir, pero difícil de hacer. Por eso muchas veces fallamos en esta tarea.

A veces, lo que a nosotros nos parece suficientemente impactante o inquietante como para movilizar a la audiencia, puede que a ellos no les produzca ningún tipo de efecto.

¿Cómo podemos lograr que la audiencia entienda la magnitud de aquello que les tenemos que decir?

 

Universo

1.- Tamaño de un cometa comparado con Los Ángeles. 2.- Pequeña porción de una galaxia que podemos ver desde la Tierra. 3.- La distancia entre la Tierra y la Luna equivale a la de todos los planetas del Sistema Solar juntos.

Hace un par de días encontré en Facebook una serie de fotos muy interesantes sobre Astronomía. En ellas se veían planetas, estrellas, galaxias… (aparentemente, aunque literalmente no sea cierto, nada de otro mundo ;-))

Cuando hablamos del universo acostumbramos a manejar tamaños y distancias tan grandes que nos cuesta imaginar realmente su magnitud. ¿Cómo de grande es un cometa? ¿Y el Sol? ¿Cómo es la distancia de la Tierra a la Luna?

Está claro que todas esas preguntas tienen una respuesta numérica. Lo que ocurre es que a veces ese número cuesta de imaginar para aquellos que no están acostumbrados a trabajar con semejantes cifras.

Lo interesante del caso fue que esas fotos eran muy útiles ya que introducían referencias conocidas para hacerse una idea de la magnitud de todos esos elementos.

 

Cuestión de referencias

Cuando debemos anunciar alguna información relevante acostumbramos a hacerlo en base a nuestras referencias.

Los economistas se entienden hablando de indicadores macroeconómicos. Los médicos se comunican mediante un lenguaje técnico. Los ingenieros hacen lo propio. Cada uno de nosotros tiende a usar aquellas referencias conocidas para hacerse una idea de la magnitud de las cosas. El problema es que cuando le hablamos a alguien es importante que esa persona también pueda hacerse una idea.

Por eso es determinante hacer referencia siempre a datos conocidos por el público.

 

Un ejemplo muy dulce

Carles Caño me puso hace tiempo un gran ejemplo. ¿Cómo alertarías a tu audiencia sobre el elevado contenido de azúcar de un refresco?

Lo habitual sería expresar el contenido en gramos para decir que una lata de un refresco lleva tantos gramos de azúcar. Sin embargo, la mayoría de las personas no tienen claro que cantidad de azúcar equivale a un gramo.

Estamos acostumbrados a medir el azúcar con otras referencias menos científicas pero igualmente válidas: la gente no se echa gramos de azúcar al café, se echa un par de terrones, 3 cucharaditas, 2 sobres… Por eso Carles propuso… y si en lugar de hablar de tantos gramos en un refresco explicamos que un refresco equivale a comerse x sobres de azúcar?

Seguramente todos tenemos la percepción de la cantidad de sobres que deberíamos tomar, de modo que un refresco que supere claramente ese umbral va a disparar nuestra alarma mucho más que una cifra expresada en gramos.

Al traducir la cantidad de gramos a una referencia visual (el sobre) que ellos conocen perfectamente, pueden hacerse una idea exacta de cuánto azúcar hay en una lata de refresco y, por lo tanto, tomar conciencia del daño que abusar de esas bebidas puede causar a nuestra salud.

 

¿Te apetecen unas palomitas?

Otro buen ejemplo lo ilustra el libro “Made to stick” de los hermanos Heath, en el cual se cuenta como Art Silverman quiso concienciar a los espectadores de los cines sobre el peligro de abusar de las palomitas fritas con aceite de coco.

En lugar de centrarse en la cifra (37 gramos de grasas saturadas en un cucurucho de palomitas cuando la recomendación era consumir un máximo de 20 al día), Silverman hizo una comparación con algo ya conocido por la audiencia.

“Una porción mediana de palomitas con mantequilla de una sala de cine cualquiera contiene más grasa que obstruyen las arterias que unos huevos con panceta para desayunar, un BigMac con patatas para comer y un filete para cenar, con sus correspondientes guarniciones y todo junto.”

Fíjate en lo que hizo Silverman. Para empezar habló de una porción mediana de palomitas de cualquier cine. Eso es mucho mejor que haber dicho, por ejemplo, 100 gramos de palomitas. En la frutería de mi barrio, cada uno se sirve lo que quiere comprar. Al no tener una báscula, me resulta imposible saber cuántas judías debo coger para tener 300 gramos. Pero sí sé cómo de llena debe quedar la bolsa para poder comer los 3 en casa. Las referencias visuales funcionan bastante mejor que las numéricas (salvo que te pases el día pesando judías y ya lo tengas por la mano).

En segundo lugar, Silverman no habla de grasas saturadas sino de grasas que obstruyen las arterias. Eso es mucho más explícito que el término saturado. Mucha gente no tiene claro qué son las grasas saturadas ni el impacto en su organismo, pero dudo que haya alguien que todavía no se haya enterado que una arteria obstruida es un serio problema.

Y finalmente, compara la cantidad de grasa saturadas en base a algo que ellos puedan identificar como malo. Cualquiera de nosotros tiene la percepción de que el menú que propone en su frase no es de lo más sano que existe. Cuando uno se come todo eso tiene la sensación de haberse excedido. Por eso cuando Silverman compara las palomitas a todo ese menú, el oyente no tiene dudas de la gravedad del caso.

Busca siempre en tus presentaciones esas referencias conocidas por tu audiencia que les ayudarán a hacerse una idea de la magnitud de la tragedia y conseguirás disparar su alarma.

 

¿Cómo haces saltar la alarma de tu audiencia? ¿Qué tipo de referencias utilizas? Gracias por dejar un comentario.

 

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