“El coraje no es la ausencia del miedo sino la habilidad de enfrentarlo” – John Putnam
La ansiedad es una reacción fisiológica de nuestro cuerpo para prepararse para luchar o huir ante un peligro que se remonta a la era de las cavernas. Ante lo que el hombre interpretaba como una amenaza, nuestro cerebro enviaba las órdenes necesarias para tensar nuestra musculatura, acelerar el ritmo cardíaco, enviar la sangre del estómago a los músculos y acelerar la respiración para oxigenar más la sangre.
Aunque las amenazas han cambiado notablemente desde la prehistoria, los síntomas continúan siendo los mismos hoy en día.
Por eso mismo es normal que todos, en mayor o menor medida, experimentemos esa sensación de angustia, de nervios, cada vez que debemos ponernos delante de una audiencia para hacer una presentación. Porque en ese caso, no existe peligro físico, pero la posibilidad de hacer el ridículo o causar una pobre impresión nos deja intranquilos.
Según el Dr. Miquel Masgrau, sentir nervios antes de un acontecimiento que nosotros estimamos como importante puede ser incluso saludable porque nos motiva a la acción (del mismo modo que el miedo motivaba al hombre de Cromañón a atacar o a huir). Sin embargo, si sobrepasamos cierto nivel de ansiedad, eso nos va a dificultar nuestra tarea.


