El héroe: 3 pasos para implicar al público en tu historia. Storytelling (3)

“La meta última de toda presentación es producir un cambio en la mente, en el corazón o en el comportamiento de la audiencia”. – Gonzalo Álvarez

Este cambio puede ser de distinta índole en función del objetivo que persiga la presentación, pero podemos afirmar que en una gran parte de los casos, el objetivo es la llamada a la acción y, por lo tanto, el cambio consiste en conseguir que la audiencia haga aquello que nos interesa.

No debemos confundir la llamada a la acción con dar órdenes. Mediante la llamada a la acción no se pretende obligar a nadie a hacer nada, sino que se intenta que el propio oyente sienta la necesidad de actuar de acuerdo con lo que nosotros proponemos. Y es en esa voluntariedad donde está la diferencia. Y la voluntariedad solo se logra cuando somos capaces de conseguir que el oyente se apropie de nuestra historia.

Desafortunadamente, muchas son las presentaciones que pretenden llamar a la acción y que terminan sin conseguir que el público se involucre lo más mínimo, siendo, por lo tanto, presentaciones estériles.

¿Qué necesitamos para poder implicar al público en nuestra historia?

Un elemento fundamental en nuestra historia es la presencia de un héroe.

Según Peter Guber, el héroe es el personaje con quien se identificará nuestro oyente.

Cuando leemos un libro, cuando vemos una película o cuando nos cuentan una historia, las neuronas espejo de nuestro cerebro nos permiten mimetizarnos con el protagonista hasta el punto de poder sentir cosas que ellos sienten.

¿Quién no ha llorado con una película? ¿Quién no ha salido enfurecido del cine debido a las injusticias que se narran en el film que acaba de ver? ¿Quién no ha sentido miedo en una película de terror?

La presencia de un héroe con el que el oyente se pueda identificar es la clave para implicarle emocionalmente en nuestra historia. Y en consecuencia, si la audiencia experimenta la historia por medio de su héroe, y la historia conduce a éste a aceptar la llamada a la acción, automáticamente, el público escuchará también ese llamamiento.

Os propongo 3 pasos para obtener al héroe que necesitamos.

1.- AVERIGUA QUIEN ES EL HÉROE DE NUESTRA HISTORIA?

Peter Guber nos cuenta mediante ejemplos que existen varias posibilidades a la hora de definir el héroe de nuestra historia. El héroe puede ser el propio narrador, puede ser el oyente (cliente), puede ser el producto, puede ser el lugar, puede ser un colectivo…

Una vez hayamos elegido la historia que queremos contar, debemos analizar quién desempeña el papel de héroe en ella.

Este paso es importante, ya que como indica Guber, en ocasiones, el héroe resulta muy difícil de localizar, y hasta que no lo detectemos, para nosotros no habrá historia.

2.- DALE LA VUELTA A LA HISTORIA PARA QUE EL HÉROE SEA TU OYENTE

Al identificar al héroe de la historia que queremos contar, como ya hemos visto, puede ocurrir que éste no sea el oyente. Se trata de una situación que no nos facilita que éste sienta el llamamiento a la acción. A priori, si queremos que el público se implique, lo más recomendable es hacer que el oyente sea el héroe.

¿Cómo podemos hacerlo?

Mi propuesta es  convertir al verdadero héroe en un medio o una ayuda para que el oyente pueda lograr la hazaña.

Lo lógico sería, por ejemplo, que si queremos ofrecer nuestros servicios queramos presentarnos como héroes: “yo voy a conseguir que tú hagas…que tú aprendas…que tú mejores… (lo que sea)”. Lo mismo ocurre cuando queremos vender un producto.

Sin embargo, para lograr que el oyente se convierta en héroe debemos reconvertirlo en: “yo puedo ayudarte a que tú hagas…a que tú aprendas…a que tú mejores…”.

Se trata de un matiz que empatiza mucho mejor con nuestro receptor, ya que la consecución del reto se presenta como una consecuencia directa del esfuerzo del oyente y no de la pericia del emisor. La recompensa emocional es mayor.

3.- PROCURA QUE LO ÚLTIMO QUE SE PIERDA SEA LA ESPERANZA

Para que la historia abra la posibilidad de que el público desempeñe un papel heroico, tiene que presentar una esperanza.

Es algo bastante lógico. Veíamos en el artículo anterior que una historia atractiva se compone de reto, lucha y resolución. El elemento indispensable para que la lucha tenga lugar es la esperanza de superar el reto. Eso es lo que convierte al luchador en un héroe.

Por lo tanto, debemos ser cautos al exponer el reto. Éste debe medirse bien para no despertar un sentimiento de impotencia en el oyente que le disuada de actuar. Necesitamos un desafío alcanzable a base de esfuerzo.

Haz que tu público se sienta como un héroe y lograrás que actúe como tal.

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