Los 6 ingredientes fundamentales para preparar presentaciones con humor

Volvemos de las vacaciones de buen humor. Y es que el humor es el tema de este primer artículo post-vacacional.

Existen evidencias empíricas  que relacionan el humor con la memoria y que sostienen que las cosas que se enseñan o explican utilizando el sentido del humor se recuerdan mucho mejor. Según estudios realizados por varios científicos (Deckers & Devine 1981; Suls 1972; Watson, Matthews& Allman 2007), el humor puede descomponerse en dos fases: (1) una fase cognitiva consistente en resolver la incongruencia, y (2) una fase afectiva en la que se experimentan emociones positivas. Y son esas emociones positivas las que, como ya vimos al hablar de la Memoria emocional, facilitan nuestro recuerdo.

Además, se ha probado que el sentido del humor reduce la resistencia a ser influido mediante la distracción de la atención.

Con todo esto, parece lógico querer utilizar el humor en nuestras presentaciones para conseguir que nos recuerden mejor y reducir la resistencia a nuestras palabras.

¿Existe alguna fórmula para utilizar el humor correctamente?

 

El libro “Comedy Writing Secrets” del autor Mel Helitzer presenta una receta para el humor basada en 6 ingredientes esenciales:

1.- OBJETIVO

No debemos olvidar nunca que el humor debe tener en cuenta los tres elementos que el autor agrupa bajo el acrónimo MAP: Material, Presentador (o intérprete) y Audiencia.

Nuestros gags o bromas deben tenerlos en cuenta a todos. Y eso significa que antes de lanzar una broma debemos asegurarnos que es la broma ideal para el tipo de presentador que somos y para la audiencia ante la que nos encontramos.

Por ejemplo, no sería muy buena idea contar un chiste machista ante un público eminentemente femenino. Debemos cuidar este aspecto para evitar que una broma se nos vuelva en nuestra contra. Por eso los humoristas de éxito acostumbran a seleccionar objetivos universales y ampliamente aceptados por todos.

Un buen tema para romper el hielo es reírse de uno mismo: del aspecto físico, de la inteligencia, de su éxito… La gente siempre está deseando reírse de algo, de modo que reírse de uno mismo en público es una forma segura de empezar a animar a la audiencia sin correr el riesgo de ofender a nadie.

2.- HOSTILIDAD

Todos nosotros somos hostiles a ciertas cosas: a la autoridad, al dinero y los negocios, a asuntos familiares, a la angustia, a las diferencias existentes dentro de un mismo grupo…

El humor es un buen antídoto contra muchas de estas hostilidades, ya que nos permite ridiculizarlas y ser crueles con ellas. Los conceptos ridículo y crueldad van siempre de la mano.

El humor acostumbra a mostrarse cruel con nuestro objetivo, con la finalidad de ponerlo en ridículo. Por eso es importante asegurarse que con nuestra broma no vamos a ridiculizar a nadie de nuestra audiencia indiscriminadamente. Y también por eso lo más cómodo es reírse de uno mismo, ya que uno no va ser hostil consigo mismo y se va a reír de aquello que le apetezca y no le importe.

3.- REALISMO

“Los mejores chistes anuncian una verdad amarga” – Larry Gelbart, guionista

Los buenos chistes están basados en situaciones reales cuyo desenlace se produce de forma inesperada (mediante el cuarto ingrediente, la exageración). De este modo la audiencia puede asociar el chiste a su propia experiencia y empatizar mucho más con el sentido del humor del presentador o humorista.

El reto es aprender a decir la verdad (ser realista) al tiempo que mentimos (exagerando). Esta paradoja (la yuxtaposición inesperada de lo razonable junto a lo no razonable) es la clave del buen humor.

Por lo tanto, los dos pasos básicos en el humor son (1) enunciar un problema común, frecuentemente a través de un cliché, y (2) crear un final inesperado y sorprendente.

4.- EXAGERACIÓN

El humor es lo único para lo que la audiencia está dispuesta a dejar a un lado el escepticismo y la incredulidad. Somos capaces de permitir a los humoristas que utilicen hipérbole, que distorsionen la realidad descaradamente y que usen cifras exageradas que nos indiquen que se trata sólo de una broma.

Como ya hemos comentado, la combinación de la realidad y la exageración crea momentos realmente divertidos e inolvidables.

Un ejemplo de ello es cualquiera de los gags de Mr. Bean. Situaciones mundanas en las que fácilmente nos vemos identificados por haberlas vivido alguna vez (¿quien no ha tenido que pintar una habitación alguna vez?) con un final explosivo (nunca mejor dicho ;-) que nos arrancan grandes carcajadas.

5.- EMOCIÓN

Debemos utilizar la emoción para crear tensión y ansiedad.

Imaginemos que hinchamos un globo en público. A medida que vamos soplando, vamos creando en la audiencia una expectativa sobre cuándo el globo va a estallar. Esa tensión sobre cuándo va a suceder le impide apartar la vista del globo.

Eso mismo debemos conseguir al explicar nuestro chiste o al realizar la broma. Debemos saber cuándo realizar una pausa y durante cuánto tiempo, cuándo crear un inflexión en el ritmo o, sencillamente, cuándo hacer el gesto oportuno.

¿Cómo podemos crear emoción? El libro nos propone 4 formas de hacerlo:

1.- Realizando una pausa justo antes de la palabra clave o de la resolución final.

2.- Preguntando a la audiencia para tenerlos implicados.

3.- Concatenar varias bromas para ir preparando al público para la broma final (tal y como hace Mr. Bean)

4.- Crear tensión emocional en la audiencia, preguntando de forma individual a algunos de sus miembros de modo que la gente se pregunte cuál será nuestra próxima víctima.

6.- SORPRESA

El motivo por el que los chistes dejan de hacer gracia con el tiempo es la eliminación del efecto sorpresa (salvo casos de amnesia ;-). Cuando la sorpresa es previsible el chiste no funciona.

La sorpresa es una de las fórmulas más aceptadas de hacer humor. Un chiste es una historia con un final sorprendente.

Utilizando un símil del dramaturgo Abe Burrows, el humor es como una pelota de baseball que se curva en el último momento. Nosotros, como humoristas, lanzamos una bola con una trayectoria perfecta hacia el bateador. Y cuando todo el mundo espera que éste la batee, la bola se debía en el último momento provocando la sorpresa del público. Eso es lo que hacen los buenos chistes.

Y para ejemplificar la sorpresa, un fragmento de un espectáculo del grupo argentino Les Luthiers. Soy tan fan de su humor que, en el último espectáculo que fui a verlos, era tan capaz de prever sus bromas que no me hicieron tanta gracia como en ocasiones anteriores (un ejemplo de lo que ocurre al eliminar el factor sorpresa). A pesar de ello, son geniales.

Evidentemente, las recetas no acostumbran a salir siempre bien a la primera, así que yo añadiría un séptimo ingrediente imprescindible: PERSISTENCIA. Debemos tener el tesón para intentarlo una vez tras otra hasta lograr los resultados deseados. Y sobre todo, debemos tener en mente que, aunque hay gente que tiene un don innato para hacer reir a los demás, todos podemos aprender a hacerlo.

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Comentarios

  1. Ximena dice

    Muy vaioso aporte Roger. Me gustaria conocer saber que sugerencias tienes para presentaciones de temas técnicos y un poco “pastosos” como normas de certificacion de calidad, entre otros.

    Gracias,

    Un saludo,

    • gestor dice

      Gracias por tu comentario.

      Los temas más técnicos y pastosos tienen siempre un mensaje a transmitir. Centrarse en ese mensaje es la mejor manera de evitar caer en la tentación de hacer presentaciones densas de contenidos aburridos.

      Otra manera de evitarlo es utilizando metáforas y símiles. Buscar algo de un ámbito menos técnico y más agradable que sirva para ilustrar aquello que queremos contar.

      Saludos,

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