La memoria emocional: el secreto para conseguir que nos recuerden.

Varios autores en la blogosfera sobre presentaciones recomiendan apelar a las emociones de las personas para lograr que recuerden tu discurso. Y como muestra, un par de artículos de dos de mis blogueros de referencia: Carles Caño en Presentastico y Gonzalo Álvarez en Arte de Presentar.

El mes de octubre pasado asistí al ITWorldEdu Congress. Una de las conferencias a las que asistí la dieron Tomás Casals y Nam Nguyen sobre su proyecto Tiching. Fue una presentación memorable que acabó con gente llorando emocionada en el turno de preguntas mientras daba las gracias a los ponentes por el trabajo que están realizando (que dicho sea de paso, es magnífico). Fue una presentación difícil de olvidar.

¿Realmente existe una relación directa entre la emoción y la memoria? ¿Qué dice la ciencia al respecto?

La doctora Elizabeth Phelps, del Departamento de Psicología de la New York University, realizó un estudio para comprobar la relación que mantienen emoción y memoria en el cerebro humano. Un fenómeno bautizado como Memoria Emocional.

Influencia de la emoción en la memoria

La memoria tiene 2 fases: la codificación y la consolidación.

Codificación

En la primera etapa entra en juego la capacidad de percibir y atender a los estímulos. Según varios estudios, se ha demostrado que la emoción puede influenciar la atención mediante la captación de esta atención y alterando la facilidad con la que los estímulos emocionales son procesados cuando la atención es limitada.

Esta gestión de las emociones se localiza en nuestro cerebro en la amígdala. Ésta responde a un estímulo emocional rápidamente, incluso antes de  que nos demos cuenta de él y, generalmente, de sin respetar al foco de atención. En otras palabras: no hace falta ni estar atentos a un estímulo emocional ni ser consciente de él para que la amígdala se ponga en marcha.

¿Y eso cómo afecta a la memoria?

La memoria se localiza en el complejo del hipocampo de nuestro cerebro. En esta primera etapa de codificación, los estímulos se ordenan en una especie de “buzón de entrada” a la espera de ser consolidados. Mediante la influencia de la percepción y la atención, la amígdala puede alterar la codificación de los episodios memorísticos de tal forma que los eventos emocionales reciban prioridad para ser consolidados.

Dicho de otro modo: cuando una presentación va acompañada de emociones, le estamos poniendo la etiqueta de “urgente” para que ésta sea consolidada en nuestra memoria antes que el resto de información.

Consolidación

La segunda etapa consiste en la retención o almacenamiento de la información. Este almacenamiento no es automático, es lento, ya que nuestro cerebro quiere permitir que un estímulo emocional pueda suceder a un evento concreto para influenciar en su proceso de retención.

El hecho de que un evento genere una emoción acorta el tiempo de consolidación respecto de los eventos no emocionales, que tienen ese lapso de tiempo a la espera de la reacción emocional que no llega.

Los eventos que obtienen respuestas emocionales, los cuales es probable que sean más importantes para la supervivencia, son, en consecuencia, los que se recuerden luego con mayor probabilidad.

Así pues, la emoción puede alterar también la retención de los eventos emocionales, lo cual es consistente con la teoría que la amígdala juega un rol importante también en la modulación de la consolidación del hipocampo.

Influencia de la memoria en la emoción

Los estudios de la Dra. Phelps demuestran también que existe una interacción en el sentido opuesto entre el hipocampo y la amígdala.

Cuando el hipocampo recupera uno de los recuerdos que se consolidaron en nuestra memoria, éste es capaz de interactuar con la amígdala para reproducir la emoción que siguió al evento recordado.

Hace 20 años realicé la ascensión de la Pica d’Estats (Pirineo catalán). Íbamos un grupo de unas 25 personas. Al llegar a la cima empezó a nevar y antes que pudiésemos reaccionar, cayó un rayo que impactó en un miembro del grupo. Afortunadamente no tuvimos que lamentar víctimas. Pero el susto fue tremendo. El impacto emocional fue casi tan grande como el del propio relámpago.

Durante el año siguiente, especialmente, cada vez que veía un relámpago y recordaba el episodio, un escalofrío me recorría todo el cuerpo.

Lo mismo le ocurre a las personas a las que les ha mordido un perro al ver un perro. O cuando vemos fotos podemos llegar a sentir las emociones que sentimos en el momento en que las fotos fueron tomadas.

En cierto modo, esta interacción hipocampo-amígdala es el fundamento científico del Método Stanislavski. Un método que consiste en la capacidad de evocar ciertos recuerdos de nuestra vida pasada para despertar en nosotros la emoción deseada (algo fundamental en el teatro y que podría llegar a ser útil en según qué casos  para dar credibilidad a nuestras palabras).

En resumen: queda demostrada la interacción entre emoción y memoria. Y me sumo, con fundamento, a los que opinan que las presentaciones que logran emocionar a la audiencia son las que calan con mayor intensidad en los oyentes. Y, por lo tanto, son aquellas de las que se recuerda mejor el mensaje y tienen la facultad de llevar a la acción.

Y tú  ¿Qué opinas? Gracias por dejar tu comentario.

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Comentarios

  1. Mary dice

    Observando a algunas personas que muestran mucha emoción al saludar a otros y que después ni se acuerdan de ellos, pensaba son hipócritas, pero viendo que cuando están con las personas lucen sinceros, leyendo sobre la memoria emotiva, pregunto si será que esos momentos se les borra o no se les graban, porque ha sido así hace 50 años.

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