El misterio de la Regla de los Tercios

Una de las principales normas sobre diseño, la Regla de los tercios, ha sido explicada ampliamente en algunos blogs sobre el mundo de las presentaciones (por ejemplo El Arte de Presentar o Presentaciones de negocio). De hecho, la primera vez que oí hablar sobre ella fue hace 5 años durante un curso de fotografía. Y es que esta técnica es de gran utilidad en el campo de la fotografía, tal y como explica Albert Almeyda en su blog.

Creer en ese recurso es tan sencillo como comparar una foto en la que el elemento central se encuentra centrado con otra que sigue la regla de los tercios. Automáticamente apreciamos más la segunda. Pero siempre me he preguntado qué hay detrás de todo ello.

¿Cuál es la explicación científica por la que desplazar el elemento principal hacia uno de los 4 puntos de intersección produce un efecto placentero a nuestra vista?

La mayoría de fuentes apuntan que está relacionado con la proporción áurea y la sucesión de Fibonacci.

¿Qué son la sucesión de Fibonacci y la proporción áurea?

Leonardo de Pisa (alias Fibonacci), describió a principios del siglo XIII la sucesión matemática que lleva su nombre:

0, 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89…      an = an-1 + an-2

Por definición, cada elemento de la sucesión corresponde a la suma de los dos elementos que le preceden, siendo los dos primeros elementos el 0 y el 1. Como no es cuestión de hacer una disertación matemática, para mayor información sobre la serie os emplazo a leer la entrada de Wikipedia.

Una de las propiedades de esta serie de números es que el cociente entre dos elementos consecutivos,  a medida que se aproximan a infinito, tiende al número phi 1,618.  Dicho número es conocido también como proporción áurea (1:1,618) o proporción divina (Golden Mean).

A partir de esta proporción y de los números de Fibonacci se generan figuran geométricas que podemos encontrar frecuentemente en la naturaleza; el rectángulo áureo, el triángulo áureo, la espiral áurea…

En la figura, se muestra un triángulo áureo y como en él se puede trazar una espiral áurea.

Estamos rodeados por Fibonacci i la proporción áurea

Se ha observado que la proporción áurea está muy presente en la naturaleza. Independientemente del debate existente sobre si eso tiene o no un significado místico, es un hecho que muchas de las bellezas naturales de nuestro planeta se aproximan a esa proporción. Incluso en el universo, hay galaxias cuyo aspecto es el de la espiral áurea.

Hay un buen número de flores, por ejemplo, cuyo número de pétalos coincide siempre con un número de Fibonacci.

Incluso se ha llegado a estudiar la belleza de los rostros humanos llegando a la conclusión que los estándares de belleza siguen también ese tipo de proporciones. Para mayor información, podéis consultar este artículo de World Mysteries.

El siguiente video reúne 2 pequeños documentales que ilustran esa presencia notable de phi en la naturaleza.

Con eso no estamos diciendo que en la naturaleza todo guarde esa proporción divina. Ya se sabe que no es áureo todo lo que reluce ;-) Tan solo afirmamos que nuestra exposición a esa proporción es elevada.

Darwin, la proporción áurea y el ojo humano.

Las distintas especies animales han necesitado siempre adaptarse al medio en el que habitan y aprender a moverse en él. La capacidad de interpretar visualmente el entorno es, por lo tanto, una competencia esencial para su supervivencia.

Aplicando la teoría de la evolución natural de Darwin, aquellos miembros de una especie que se han adaptado mejor a la relación 1:1,618 (que es la habitual de la naturaleza) son los que han perdurado con el pasar de los años. De modo que muchísimos años después, nos encontramos que nuestros ojos se han adaptado al rectángulo áureo.

Según el profesor de la Universidad de Duke, Adrian Bejan, phi representa la mejor proporción para transferir al cerebro.  Las formas que siguen proporciones áureas facilitan a nuestros ojos la tarea de escanear y transmitir información a nuestra mente. Cuando eso ocurre, nos complace profundamente la ayuda que esas figuras nos brindan, lo cual nos produce un placer al que llamamos belleza. En el fondo, nuestro cerebro agradece que le pongan las cosas fáciles.

Nuestro objetivo es crear dispositivas áureas

Como ya comentamos cuando hablamos sobre la conveniencia de poner más imagen y menos texto en nuestras presentaciones, nuestra misión es reducir el tiempo de comprensión de los elementos visuales para conseguir que el oyente esté tanto tiempo como sea posible atendiendo a nuestra explicación oral.

Siguiendo esta máxima, es lógico plantearnos que, si conseguimos hacer una slide que siga la proporción áurea, conseguiremos reducir ese lapso de tiempo, ya que estaremos adaptando nuestra transparencia a la naturaleza del ojo humano y facilitando su transmisión al cerebro.

Esa debe ser nuestra finalidad última cuando diseñamos una diapositiva: la diapositiva áurea.

¿Y de donde sale la regla de los tercios?

Cuando aplicamos la proporción áurea a una transparencia obtenemos la primera figura. Esos 4 puntos de intersección cumplen la proporción áurea tanto en vertical como en horizontal. Por lo tanto producen mayor satisfacción a la vista que cualquier punto situado en otra zona de la transparencia.

Sin embargo, dibujar mentalmente esas líneas divisorias es algo difícil y requiere su tiempo.

En el mundo de la fotografía uno no siempre dispone del tiempo que desea.  Generalmente, uno debe aprovechar esos instantes en que ocurre algo especial para poder plasmarlo en la fotografía. Así que no hay tiempo para cálculos complejos.

En cambio, dividiendo ambos ejes de la transparencia en tres partes iguales (algo que se puede hacer a vista, sin calcular), obtenemos 4 puntos de intersección que no coinciden con los 4 puntos áureos (como podemos ver en la segunda figura), pero que están lo suficientemente cerca como para que el efecto sea muy parecido – sobre todo teniendo en cuenta que lo que dispondremos en la slide no son puntos sino objetos de mayor tamaño.

Por eso se utiliza esta última técnica, la Regla de los Tercios, ya que aunque es una aproximación a la proporción áurea,  es mucho más rápida de aplicar.

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