3 razones empíricas por las que utilizar metáforas y símiles en tus presentaciones

Hablar sobre conceptos complejos es quizás una de las tareas más difíciles. La brecha cognitiva existente entre lo mucho que sabe el ponente y lo poco que sabe el oyente entraña una dificultad considerable. Encontrar la frecuencia adecuada que sintonice con el nivel de conocimiento del público no es nada fácil. Así que muchas veces las charlas técnicas se convierten en discursos ininteligibles que aburren hasta las butacas del auditorio.

¿Existe algún recurso que podamos utilizar para salvar este obstáculo?

La respuesta es Sí. La metáfora y el símil.

Por experiencia, cuando alguien utiliza una metáfora o un símil para asociar un concepto complejo a un elemento conocido se consigue un nivel de comprensión por parte del público mucho mayor. Pero…

¿qué explicación científica tiene este fenómeno?¿Por qué las metáforas facilitan la comprensión, el aprendizaje y la memorización?

Destacamos 3 motivos basados en los procesos cognitivos de nuestro cerebro:

Codificación dual

La información se puede codificar y almacenar en nuestro cerebro mediante distintos códigos: de índole sensorial, auditivo o visual, de tipo verbal, imágenes o códigos de índole semántica. Hay estudios que demuestran que los nombres concretos, como sillón o leopardo, son más fácil y eficazmente codificados que los nombres abstractos, como sinceridad o  justicia, de difícil representación en una imagen visual. Dicho de otro modo: cuando podemos asociar una imagen a un concepto logramos una doble codificación (palabra + imagen) que mejora el aprendizaje y la memoria. Es lo que A. Paivio (1986) define como Codificación dual.

Las metáforas y los símiles nos permiten asociar una imagen a un concepto abstracto. Como consecuencia, entendemos y retenemos mejor el concepto a partir de esa metáfora.

Ahorro energético

Pero, según un estudio de García Madruga (1999), comprender no se reduce simplemente a la decodificación y asimilación de cada elemento informativo; sino que requiere la activación o recuperación del apropiado conocimiento disponible, construyendo activamente una representación significativa única.

Dicho en lenguaje llano, el proceso de aprendizaje no consiste únicamente en el procesamiento de la información nueva sino que también incluye el utilizar aquello que ya sabemos para poder establecer conexiones que ayuden a fijar el nuevo concepto.

Es decir, que se crean sinapsis neuronales (uniones entre neuronas) para relacionar lo nuevo con lo que ya sabemos, construyendo así una red neuronal más robusta y compleja.

El papel que juega la metáfora y el símil en este proceso es el de facilitar estas conexiones. Las metáforas nos evocan conceptos ya aprendidos y guían a nuestro cerebro para que establezca conexiones de forma más rápida (ahorrando tiempo y energía). Eso significa que logramos comprender el nuevo concepto en menos tiempo y sin cansarnos tanto mentalmente.

Por ejemplo: explicar cómo debe ser una buena presentación es algo complejo. No nos evoca ninguna imagen. Sin embargo, cuando comparamos las buenas presentaciones a los Caballos de Troya, somos capaces de imaginar y comprenderlo mejor. Nuestro cerebro busca en su archivo “Caballo de Troya” y el concepto nos permite asociarlo rápidamente con el de las presentaciones.

Recuperación ágil

El proceso de recuperación de la información en nuestra memoria para su uso posterior se basa en un sistema de codificación específica en base a unas pistas. Por ejemplo, para recordar todos los compañeros de mi departamento, me hago un esquema mental de su ubicación física en la oficina y hago un barrido para no olvidarme ninguno. Si intentara hacerlo directamente es probable que me olvidara a alguien.

Según Medin, Ross y Markman (2001), la posibilidad de recordar algo depende decisivamente de que las pistas codificadas en la memoria, en el momento de la adquisición, estén accesibles y operen en el momento de la recuperación”. Es decir, si en el momento de codificar la información se ha incluído la pista.

En otras palabras, como las metáforas y símiles facilitan esa doble codificación, la imagen que nos evoca la metáfora sirve de pista para poder recuperar esa información rápidamente en el momento en que nos convenga utilizarla.

Fuente: PROCESOS COGNITIVOS Y APRENDIZAJE SIGNIFICATIVO, Manuel Rivas Navarro


Entradas Relacionadas:

Comentarios

  1. Jorge dice

    Cabe señalar que el lenguaje es esencialmente metafórico y, por tanto, nuestro sistema de representación es enormemente simbólico. Lo que subyace a cualquier discurso es la concatenación de imágenes (símbolos), de metáforas capaces de dar sentido al mensaje. Esto es fundamental a la hora de pensar las estructuras sociales, de comprender las relaciones interpersonales y, como no, reflexionar acerca del aprendizaje.
    De esto habla la teoría literaria y la investigación lingüística.

Trackbacks

  1. […] Personalmente, me encantan las metáforas y los símiles. Nos permiten explicar conceptos muy complejos de forma sencilla a través de asociar una idea conocida por la audiencia a ese nuevo concepto. Al referirnos a algo que ya entendemos perfectamente facilitamos que nuestra mente aproveche una sinapsis neuronal ya creada, de manera que la comprensión requiere menor esfuerzo. Existen razones empíricas que apoyan el uso de metáforas. […]

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *