¿Un buen presentador puede arreglar un mal mensaje?

Buen presentador

Foto obtenida en www.essentiallifeskills.net

Hace unas semanas realicé una conferencia sobre la importancia de elegir un buen mensaje en nuestras presentaciones.

Después de 20 minutos, durante los cuales argumenté la necesidad de lograr transmitir un mensaje único e idéntico a todos nuestros oyentes, di paso al turno de preguntas y respuestas.

Tras algunas cuestiones, uno de los oyentes me lanzó la siguiente pregunta:

¿Un buen presentador puede arreglar un mal mensaje?

Al instante supe que de esa pregunta saldría un artículo para el blog.

¿Cuáles son las funciones del mensaje en una presentación?

Hace unos meses dedicamos un artículo a explicar las 4 funciones del mensaje.

A modo recordatorio, el mensaje de una presentación sirve para:

  1. Unificar el output
  2. Guiar el interés de la audiencia
  3. Fijarse en la memoria
  4. Llamar a la acción

Un mal mensaje, en consecuencia,  tenderá a provocar que cada oyente salga de la presentación con una idea distinta, dificultará al público el poder seguir bien la charla, hará más difícil que la idea principal del discurso y probablemente no conseguirá movilizar a la audiencia.

¿Qué puede hacer un buen presentador en cada una de ellas?

Si entendemos “buen presentador” como alguien que domina el arte de la oratoria (excluyendo por lo tanto el saber elaborar buenos mensajes, rasgo que yo considero fundamental para ser un buen presentador), un buen presentador va a ser capaz de convertir una presentación en un rato muy agradable.

¿Podrá él sólo cumplir las 4 funciones que acabamos de ver?

1.- Muy probablemente, por su buen hacer, conseguirá unificar el output de la presentación, pero no respecto del tema sino entorno a su figura. La gente responderá unánimemente a la pregunta “¿Qué tal el ponente?”, pero sin un buen mensaje seguirá siendo incapaz de unificar la respuesta sobre el tema cuando les pregunten “¿De qué iba la presentación?

2.- Lo que no hay duda es que un buen presentador logrará captar la atención de la audiencia. Y conseguirá capturar su interés, pero muy probablemente, sin un buen mensaje,  este interés no se enfocará sobre el tema de la charla (que es lo deseable) sino sobre la charla en sí y sobre el ponente. El público podrá estar interesado en oír hablar al presentador, pero sin importarle lo que hable. Y ese no es el tipo de interés que nos interesa (en la gran mayoría de los casos).

3.- A un buen presentador no se le olvida nunca. Uno podrá recordar siempre una presentación por lo original, divertida y entretenida que fue. Y eso acostumbran a conseguirlo los buenos presentadores. Pero, sin un buen mensaje, es muy probable que no se recuerde nada sobre el tema.

Me contaron la anécdota de un hombre que empezó una presentación lanzando su chaqueta al suelo con mucha teatralidad y luego les dijo “con el tiempo, seguramente sólo van a recordar de esta presentación que lancé la chaqueta al suelo”. Y efectivamente, por lo que parece, fue así. Quien me lo contó no recordaba nada más de la presentación. Ni tan sólo de qué iba.

4.- Finalmente, un buen presentador puede poseer la capacidad de liderazgo suficiente como para entusiasmar a la audiencia y motivarla a actuar. Un buen presentador puede llamar a la acción. El problema es que sin un buen mensaje, puede que la acción que emprenda cada uno de los asistentes sea completamente distinta. Está muy bien movilizar a la audiencia, pero en muchas ocasiones, conviene movilizarla hacia una misma acción.

Un buen presentador lo es mucho más con un buen mensaje

Parece claro que no podemos llevar a cabo las 4 funciones del mensaje sólo con el buen uso de la oratoria del presentador.

Una buena presentación no es la que consigue arrancar risas y aplausos del público. Salvo en casos puntuales en los que el único objetivo de la presentación es entretener a la audiencia, una buena presentación es la que consigue que el público adopte su idea principal. Y para ello, es imprescindible el mensaje.

Por lo tanto, tener un buen dominio del lenguaje no verbal, utilizar el tono de voz adecuado, apoyarse en un diseño gráfico atractivo, embelesar al público con el uso del storytelling, etc… no puede garantizarnos por sí solo una buena presentación (salvo que sólo queramos entretener al personal). Cuando debamos conseguir un cambio en la forma de pensar o de actuar de la audiencia, necesitaremos algo más.

¿Un buen mensaje puede ARREGLAR a un mal presentador?

Tampoco parece la combinación ideal.

Un mal presentador va a perder seguramente la atención de parte de la audiencia. Así que no podremos hablar de éxito. Sin embargo, si logra que una parte de los oyentes le acompañen hasta el final, un buen mensaje puede llevar a cabo con éxito las funcionalidades que tiene asignadas.

Por lo tanto, el problema de un mal presentador con un buen mensaje será una pérdida de efectividad de la presentación. No lograremos que todos adopten el mensaje, pero probablemente sí que lo harán unos pocos.

Así que sin duda, creo que es más probable que un buen mensaje salve a un mal presentador que no que ocurra lo contrario.

Y tú, ¿Qué opinas? Gracias por dejar tu comentario.

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Comentarios

  1. Elisabet dice

    ¿Un buen presentador con un buen mensaje puede salvar una mala audiencia? Con esto quiero decir: muchas veces la audiencia no está por decisión propia, en muchas ocasiones hemos asistido a conferencias por obligación o exigencia de alguien. Incluso a veces, la audiencia, habiendo asistido por voluntad propia, piensa que lo que el presentador le está diciendo ya lo sabe, por lo que aún es peor ya que pierden la atención enseguida. ¿Se puede, entonces, salvar un público desinteresado?

    • Roger Prat dice

      Gracias por tu comentario, Beth

      Para mi la respuesta es clara. Un buen presentador con un buen mensaje puede salvar una mala audiencia.

      Para empezar, un buen presentador es aquel que tiene en cuenta a su audiencia, y que por lo tanto ya se habrá preocupado de saber si la audiencia viene a oírle de forma voluntaria o a la fuerza. Y actuará en consecuencia buscando algo que ofrecerles que pueda ser de su interés. También evaluará el grado de conocimiento o la experiencia que tiene el público en la materia. Y así podrá tener en cuenta que la gente con experiencia es la que tiene más posibilidades de creer saberlo todo. Y buscará formas de desactivar esa resistencia.

      No hay audiencias buenas ni malas. Sólo hay maneras acertadas o equivocadas de aproximarse a ellas.

      En definitiva, en eso consiste ser un buen presentador, creo. En ser capaz de convertir una audiencia reticente en un público entregado.

      Saludos,

      Roger

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