¿Quién dijo miedo escénico?

¿Quién no ha sentido nunca aquella sensación de ansiedad justo antes de tener que hablar en público? ¿Quién no ha notado nunca nervios justo en el momento de empezar a hablar? ¿A quién no le ha pasado nunca por la cabeza, mientras habla delante de la audiencia, que les está aburriendo?

En mayor o menor medida, todos hemos experimentado alguna vez el famoso Miedo escénico (el 95% de la población, según Cheryl Hamilton, profesora en comunicación del Tarrant County College). Pero, ¿en qué consiste? ¿Cómo podemos combatirlo?

El Doctor Renny Yagosesky, destacado psicólogo en el campo de la Superación Personal, lo define como “una respuesta psicofísica de temor, que surge por efecto de pensamientos anticipatorios sobre posibles consecuencias negativas, en situaciones reales o imaginarias en las cuales se habla en público, y cuyas características más frecuentes son la preocupación, la ansiedad, la tensión corporal, la inhibición, la tendencia a la ineficacia expresiva y otras formas de alteración de la normalidad en las áreas fisiológica, cognitiva y conductual”.

Un ejemplo muy ilustrativo de este fenómeno lo encontramos en la película “El discurso del Rey” (The King’s Speech), de Tom Hooper. En ella, el personaje del rey,encarnado por Colin Firth, tiene problemas de tartamudeo cada vez que debe hablar delante de alguien (en especial en discursos ante una gran cantidad de gente). La película es muy recomendable, pero he querido seleccionar un fragmento (dividido en dos vídeos) que lo encuentro especialmente adecuado porque subraya el hecho de que todo está en nuestra mente y, por lo tanto, con el trabajo adecuado, todo puede superarse.

La tartamudez del protagonista no es un defecto físico congénito. Es fruto de un bloqueo mental muy potente. Es especialmente significante cuando el doctor, interpretado por Geoffrey Rush, le pregunta si tartamudea cuando habla sólo, a lo que el protagonista le responde que no. Y resulta igualmente revelador que el protagonista sea capaz de leer un texto sin tartamudear cuando no se oye a sí mismo.

Según el Dr. Yagosesky, “aunque a primera vista no lo parezca, existe una relación directa entre nuestros pensamientos o creencias y las respuestas ansiosas. En este sentido, las creencias saboteadoras más comunes para el orador, son: No me van a entender, no estoy preparado, se van a reír de mí, no tengo nada importante que decir, es mejor que no me arriesgue, se me va a olvidar todo, debería irme de aquí inmediatamente, etc.”

Una manera de hacer frente a un bloqueo mental como el que estamos tratando es acudir al Coaching. Personalmente he experimentado las ventajas de someter ciertas creencias saboteadoras (en otro campo de acción distinto a la oratoria) a la Programación Neurolingüística. Consiste en desmontar con argumentos racionales todas las creencias infundadas y reprogramar nuestra mente para invertir esos pensamientos en algo positivo. No puedo hacer otra cosa que recomendarlo.

Sin embargo, hay otras cosas que podemos hacer nosotros solos para reducir considerablemente los efectos adversos de este miedo escénico. Jesús Rosas, mercadólogo especialista en lenguaje corporal, propone en un artículo publicado en lenguajecorporal.org  ocho claves para combatir la glosofobia (término científico para denominar el miedo a hablar en público) de las que yo quiero destacar sobretodo tres (Conocer a fondo el tema; Practicar, practicar y practicar; y Preparar un material de soporte adecuado) que pueden resumirse en tres palabras: UNA BUENA PREPARACIÓN.

Una buena preparación desactivará la gran mayoría de las creencias saboteadoras que comenta el Dr. Yagosesky. Porque habiendo puesto a prueba nuestro discurso antes de la presentación oficial (delante de amigos o colegas o, mejor todavía, delante de un profesional) eliminaremos las dudas sobre si se va a entender o no. Porque, evidentemente, preparándonos correctamente desactivaremos la creencia de que no estamos preparados. Porque un buen conocimiento del tema nos garantiza tener siempre algo importante que contar. Porque una buena preparación minimiza el riesgo al que exponerse. Porque practicando mucho interiorizamos el discurso para que este fluya sin necesidad de recordarlo.

En resumen: merece la pena invertir el tiempo que haga falta en la preparación para lograr realizar una presentación memorable y reducir la ansiedad hasta unos mínimos aceptables para que los nervios no nos estropeen todo el trabajo realizado. Así que, si te preparas,… ¿quién dijo miedo escénico?

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