Presentaciones sin estrellas Michelin

Existe una idea equivocada, muy arraigada entre la gente con profesiones muy técnicas, que consiste en pensar que aparenta saber más aquel o aquella a quien menos entiende la gente. Para este tipo de personajes, un lenguaje sofisticado aporta glamour i despierta admiración entre aquellos que les oyen hablar.

Esta creencia es la que da origen a lo que yo llamo “el síndrome de las estrellas Michelin”.

Si alguno ha tenido la oportunidad de comer en un restaurante de alto copete, de esos que tienen estrellas Michelin, habrá comprobado un fenómeno curioso. Cuanto más quiere uno que su creación culinaria parezca elaborada, más complejo y retorcido es el nombre que le pone al plato. A veces, hasta límites insospechados en los que es imposible saber qué es exactamente lo que vamos a comer.

Pongamos como ejemplo un artículo de Directo al Paladar hablando sobre el menú degustación del que, por aquel entonces, en 2006, era el mejor restaurante del mundo: el Bulli de Ferran Adrià. A priori, ¿alguien sabe lo que pide cuando le dice al camarero: “tráigame un deshielo!”?

¿Por qué decimos “Semiesferificación de embrión de pollo en nebulosa de albúmina” cuando podemos llamarle Huevo frito?

En el mundo de las presentaciones ocurre lo mismo. Cuando asistimos a una, nos gusta entender todo cuanto es dicho. Y, por lo tanto, agradecemos que nos lo expliquen con un lenguaje directo y sencillo. Las palabras, por si solas, no impresionan. Lo verdaderamente impresionante es el significado que se esconde detrás de ellas.

El objetivo de una presentación debe ser siempre hacer llegar un mensaje a la audiencia. No podemos perder esto de vista y debemos actuar en consecuencia. Utilizar un lenguaje excesivamente complicado en una presentación es como cuando antaño intentábamos ver un partido en el Plus sin descodificar. Se emite un mensaje pero este se recibe distorsionado y no se comprende.

En cualquier caso, es importante analizar previamente a la audiencia. Ello va a ayudarnos a seleccionar qué registro de vocabulario debemos emplear en nuestra charla para lograr ser entendidos correctamente.

En resumen: debemos tener muy presente que el arte de hablar bien en público lleva consigo implícito el conseguir que los demás nos entiendan. Sólo con soltar el discurso no es suficiente. Y por consiguiente, debemos hacer cuanto esté a nuestro alcance para facilitar la comprensión de nuestro mensaje. Hagamos presentaciones sin estrellas Michelin.

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  1. [...] Esta pregunta es clave para saber el tipo de presentación que debemos hacer. Forzosamente, un público experto va a exigir mucho más de nosotros. Una mayor preparación y dominio del tema. O, en su defecto, mucha participación del público para que éste enriquezca la sesión. Además también va a condicionar el registro de lenguaje a emplear. Con un público inexperto deberemos cuidar el uso de tecnicismos y hablar lo más llanamente posible para no incurrir en el Síndrome de las Estrellas Michelin. [...]

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