Las 7 propiedades fundamentales del mensaje de nuestras presentaciones

En el último artículo vimos las funciones principales del mensaje en nuestras presentaciones: unificar el output, guiar el interés de la audiencia, fijarse en la memoria y llamar a la acción.

Tener en cuenta estas 4 funcionalidades es clave a la hora de definir como debe ser nuestro mensaje.

Como ya comentamos cuando comparamos las presentaciones a los Caballos de Troya, el mensaje es la carga que va dentro del caballo y que, cuando sea liberada en el interior de las murallas, debe cumplir con agilidad y sigilo su misión.

Al igual que hicieran los griegos, se debe llenar el pequeño espacio del caballo con aquello indispensable para llevar a cabo su cometido. Ni más, ni menos. Y la carga escondida debe poseer una serie de características que le permita desarrollar sus funciones perfectamente.

Así que la pregunta que debemos hacernos una vez ya quedó clara cuál es la misión es…

¿qué propiedades debe tener nuestro mensaje?

ÚNICO Y UNÍVOCO

La primera de la funciones era unificar el output; hacer que el público encuentre la aguja sin necesidad de buscar en el pajar.

En primer lugar, la clave para que el público se vaya de la presentación con la aguja, es que sólo le mostremos una única aguja. Esa es la manera de asegurarnos que todo el mundo se lleve a casa la misma.

Parece obvio, pero es un error muy frecuente encontrar presentadores que pretenden transmitir muchos mensajes en una misma charla. Eso dificulta al oyente el poder identificar qué es lo más importante del discurso.

El mensaje tiene que ser ÚNICO.

Pero además, debe ser lo suficientemente claro como para que no dé pie a distintas interpretaciones. No sirve de nada que el público recuerde una frase si su significado no está claro. Debe entenderse a la primera.

¿De qué sirve que se lleven una aguja a casa si no pueden identificar claramente lo que es y para lo que sirve?

El mensaje debe ser también UNÍVOCO.

BENEFICIOSO Y PERSONALIZADO

La segunda misión del mensaje es guiar el interés de la audiencia.

Para ello, lo primero que debe cumplir el mensaje es llevar implícito o explícito el beneficio que obtiene el oyente si sigue atendiendo a la presentación (no necesariamente de tipo económico).

Cuando entendemos que emprender un camino hacia una meta (el mensaje) nos puede aportar una ganancia personal (de la índole que sea), es cuando prestamos la atención necesaria.

El mensaje debe ser BENEFICIOSO.

Pero el beneficio debe quedar claro que es para el oyente. Proponer un mensaje en el que quien se beneficie sea una tercera persona quita interés al tema.

Así que el grado de personalización del mensaje debe ser elevado, utilizando, a ser posible, la segunda persona del singular o del plural.

“Si haces ejercicio, cuidas tu salud”

El mensaje debe estar PERSONALIZADO.

BREVE Y EMOTIVO

Otro de los grandes objetivos del mensaje es fijarse en la memoria de la audiencia.

Para facilitar esa tarea es esencial que el mensaje sea lo más corto posible. Debe caber en una única frase. Y a poder ser en no más de 120 caracteres (que sea tuiteable), lo cual ayudará a su difusión en las redes sociales durante nuestra presentación.

Esta característica entraña una gran dificultad y es aquí donde se demuestra quien domina suficientemente un tema como para comprimir su esencia en una sola frase.

El mensaje tiene que ser BREVE.

Otro factor que ayuda a fijar conceptos en nuestra memoria son las emociones. Hace unos meses ya hablamos sobre la memoria emocional.

Cuando lo que queremos que se recuerde va asociado de una serie de emociones, estas se almacenan conjuntamente y se experimentan de nuevo al recuperar el recuerdo. Es lo que se conoce como Principio de vecindad neuronal. Al estimular una conexión neuronal, el resto de conexiones colindantes son también estimuladas.

Necesitamos que esa frase no sólo contenga la información intelectual sobre el tema sino que evoque emociones. En función del mensaje, deberemos escoger el tipo de emoción que queremos despertar en el oyente.

El mensaje debe ser EMOTIVO.

INSTIGADOR

La última función del mensaje es llamar a la acción.

Como buenos presentadores, vamos a buscar intencionadamente un cambio en nuestra audiencia. Así que la mejor manera de forzar ese cambio es aprovechar el mensaje para enunciar ese cambio de forma explícita o implícita.

No es necesario utilizar el imperativo para sugerir un cambio en el público. Sencillamente, al establecer en tu mensaje una relación directa acción-beneficio ya estás indicándole qué debe hacer para lograrlo.

Nuestro mensaje debe instigar a la audiencia a realizar el cambio que estamos buscando en ella.

El mensaje debe ser INSTIGADOR.

 

¿Se te ocurren otras propiedades del mensaje? Gracias por dejar tu comentario.

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