Ante todo, la Estrategia

“Si no se sabe a qué puerto se quiere navegar, ningún viento es favorable.” Séneca

Cuando nos enfrentamos a la preparación de una nueva presentación podemos tener una cantidad ingente de dudas al respecto: ¿Cuándo la hago? ¿A quién invito? ¿Cómo la empiezo? ¿Qué formato le doy? ¿La hago formal o informal? ¿Qué debo explicar y qué no? ¿Pongo un video? ¿Cuándo lo pongo? ¿Utilizo Power Point? ¿Lo hago sin transparencias? ¿O mejor un Prezi? ¿Hago participar a la gente? ¿Cómo debe ser el final? ¿Cómo hago la distribución de la gente?…

Para poder salir airosos de tal avalancha de preguntas necesitamos tener muy presentes 3 aspectos fundamentales que marcan la estrategia a seguir:

  • El motivo de la presentación
  • El público objetivo
  • Nuestra propia imagen

En primer lugar, debemos tener claro cuál es el motivo de realizar la presentación. No es lo mismo presentar para informar que para convencer o para implicar. Por lo tanto, si son objetivos distintos, también el tipo de presentación que necesitamos va a ser diferente en uno y en otro. Si la charla surge como iniciativa nuestra será fácil saber para qué queremos hacerla, pero si es un encargo de nuestra empresa o de un tercero, debemos preguntarles antes que nada cuál es la misión de tal solicitud.

Cuando ya tenemos claro si queremos informar, convencer o implicar debemos preguntarnos “A quién”. El público objetivo es también fundamental para preparar una exposición con sentido. No es lo mismo presentar un proyecto al departamento financiero (en el que las cifras deberán tener un mayor protagonismo) que a un departamento de marketing (donde se deberá argumentar mucho la detección de la oportunidad). Cada colectivo tiene características propias e intereses particulares que debemos conocer para prestarles mayor atención.

Al mismo tiempo, no debemos olvidar nunca que cuando presentamos nos estamos exponiendo delante de la opinión pública. Los oyentes se forman una imagen nuestra en base a qué decimos y cómo lo decimos. Y esta imagen, hoy en día, puede trascender inmediatamente a través de las Redes Sociales. Por lo tanto, cuando preparamos nuestro discurso debemos tener en cuenta cómo queremos ser percibidos y cómo no. Si abusamos de exceso de información podemos parecer pedantes, si nos mostramos demasiado protagonistas podemos dar la impresión de egocéntricos, si no llevamos bien preparada la presentación daremos la sensación de no conocer bien el tema, si no somos capaces de sorprender vamos a parecer uno más del montón… Es importante cuidar nuestra imagen porque de ella depende nuestra credibilidad como ponente.

Tener claros estos tres aspectos nos guiará en la toma de decisiones durante toda la  preparación y nos ayudará a resolver todas las dudas que planteábamos al inicio de este artículo con buen criterio. De este modo, si somos capaces de lograr el objetivo de nuestra presentación despertando el interés del público y proyectando la imagen deseada de nosotros mismos conseguiremos que tanto la audiencia como nosotros terminemos la ponencia satisfechos.

En resumen: lo primero que debemos hacer cuando queremos preparar una presentación es establecer los objetivos, hacer una radiografía del público objetivo y determinar cómo queremos ser percibidos. Llevando la cita de Séneca con la que he empezado mi artículo al terreno que nos atañe, podríamos decir que tenemos infinidad de recursos disponibles para hacer una presentación, pero sólo nos sirven aquellos que nos permiten conseguir los objetivos fijados. Navegando a la deriva tenemos todos los números de perdernos. Así que, ante todo, la Estrategia.

Entradas Relacionadas:

Trackbacks

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *