4 funciones del mensaje para que nuestras presentaciones sean efectivas

Uno de los errores más comunes que se comete a la hora de preparar una presentación es no prestar atención al mensaje de la misma.

En muchos casos, directamente no se tiene mensaje. En otros, el mensaje elegido no es suficientemente robusto como para lograr que sea efectivo como tal.

Cada vez que alguien me contrata para que le asesore en una presentación, lo primero que le pido es que piense un mensaje. Normalmente tardamos horas o días enteros en conseguir esa frase mágica que debe cumplir todas  las funciones que tiene asignadas. Pero…

¿Cuáles son las funciones que debe cumplir el mensaje de nuestra presentación?

Creo que hay 4 funciones básicas que todo mensaje debe cumplir.

1.- Unificar el output

Una presentación sin mensaje es como enseñar el pajar y esperar que sea la audiencia la que busque y encuentre la aguja.

Cuando le pedimos a alguien que busque una aguja en un pajar corremos el riesgo que la aguja que encuentre (si es que encuentra alguna) no sea la que nosotros queríamos que encontrara.

Realizar una presentación sin un mensaje claro se traduce en que cada oyente determine qué cree que es lo más importante de la charla según su propio criterio. Delegamos en nuestra audiencia la responsabilidad de determinar qué es lo que queremos transmitir.

Si queremos que nuestro público encuentre la aguja, no se la hagamos buscar en el pajar. Mostremos la aguja directamente. De esta manera, nos aseguramos que todos van a salir con la misma aguja, que es la que nosotros queríamos que encontraran.

La primera gran función del mensaje de nuestra presentación es asegurarnos que toda la audiencia salga de la conferencia con la misma idea sobre el tema en la cabeza, con el mismo output. Todos con la misma aguja.

2.- Guiar el interés de la audiencia

No disponemos de mucho tiempo antes que nuestros oyentes decidan si merece la pena seguir escuchándonos o no. Por eso es recomendable enunciar el mensaje bastante al principio de nuestra presentación y hacerlo con un formato que invite a continuar atentos.

Un buen mensaje al principio de nuestra charla ayudará a fijar el objetivo de la misma y facilitará al público la comprensión de los argumentos que vayamos exponiendo. Es una forma de darle sentido a todo lo que decimos porque todo ello conduce al mensaje que ya hemos enunciado.

Y esa mejor comprensión, junto con la promesa de conducirlos hacia un mensaje prometedor que ya sabemos, es lo que hace que la gente tenga interés por hacer ese recorrido junto a nosotros.

La segunda función importante del mensaje es guiar la atención de nuestra audiencia durante toda la presentación. El mensaje es la respuesta a sus preguntas “¿Por qué me está contando esto?” y “¿A dónde quiere ir a parar?”.

3.- Fijarse en la memoria

Pasados unos días de nuestra presentación, lo que va a quedar en la memoria de la audiencia de nuestro discurso se va a reducir a una única idea. Una frase del estilo “esa presentación iba sobre …”. Difícilmente recordarán mucho más. Así que esa frase que van a recordar tiene que estar  lo suficientemente bien trabajada como para que conserve en ella toda la esencia de nuestra presentación.

Por eso es importante dotar al mensaje de los recursos necesarios para que su fijación en nuestra memoria sea lo más sólida posible. Eso implica, por un lado, asociar el mensaje a una imagen, tal y como vimos en el último artículo al hablar de metáforas.

La semana pasada asistí a una presentación de Enrique Dans sobre las redes sociales y la educación dentro del congreso ITWorldEdu2012. Su charla tenía un mensaje muy claro dirigido a la comunidad docente: Poneros las pilas en el conocimiento y uso de las redes sociales en la educación. Me llamó la atención que no le hizo falta enunciarlo, ya que cuando la imagen de un par de pilas ocupó toda la pantalla la gente se hecho a reír y captó perfectamente el mensaje. Mensaje e imagen se guardaron en nuestro disco duro en un mismo fichero.

Otro recurso importante con el que debemos dotar el mensaje y toda la presentación es la emoción. Si somos capaces de emocionar a nuestra audiencia, esas emociones se van a almacenar conjuntamente con el mensaje en nuestra memoria, de modo que cuando recuperemos el mensaje aflorarán también todas esas emociones asociadas.

Así que la tercera funcionalidad del mensaje es perdurar en nuestra memoria para garantizar la buena conservación de la esencia de nuestra presentación.

4.- Llamar a la acción

Como dice Gonzalo Álvarez en su blog, “si tu presentación no produce un cambio en la audiencia, es una pérdida de tiempo para todos“.

Ese cambio puede ser sobre lo que uno piensa, sobre lo que uno siente o sobre lo que uno hace, pero en cualquier caso, requiere de un cambio. Y nuestra presentación debe catalizar ese cambio. Dicho en otras palabras, debe llamar a la acción.

Así que el mensaje, como representación comprimida de la esencia de esa presentación, debe inducir a los oyentes hacia el cambio que queremos que se produzca. Debe ser suficientemente explícito como para que la gente no tenga ninguna duda de qué es lo que debe hacer al término de la presentación.

La cuarta función del mensaje es llamar a nuestro público a la acción. Es transmitir una instrucción clara y concisa de qué es lo que éste debe hacer, pensar o sentir.

¿Se te ocurre alguna otra función? Gracias por dejar tu comentario.

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