La experiencia de mi hijo con el vídeo

ClaquetaHace un tiempo hablamos de la importancia de recibir feedback.

El feedback es esencial para ser capaces de mejorar. No sólo la capacidad comunicativa, sino cualquier otra capacidad que necesite evolucionar.

Para un niño, inmerso en una larga etapa de mejora continua, ese feedback es absolutamente necesario. Pero no siempre hace falta a alguien que nos dé su opinión. Existe un recurso poco utilizado pero muy eficaz: el autofeedback.

Y si buscamos una forma de practicar el autofeedback, tenemos que hablar forzosamente del vídeo.

Hoy te quiero contar mi experiencia (la de mi hijo) con el vídeo.

Como en el colegio cada vez más se trabaja por proyectos (¡gracias a Dios!), los niños tienen la necesidad de buscar información sobre un tema y luego exponerlo delante de la clase.

Cuando mi hijo no tenía todavía los 5 años, quise aprovechar una de esas ocasiones para sustituir la charla en clase por un vídeo. Estaban trabajando el proyecto de los caballos y aprovechando que teníamos una conocida que tiene caballos convenimos que sería interesante ir allí a hacer un reportaje (mucho mejor que explicarlo de palabra desde clase).

Así surgió el primer vídeo de mi hijo.

El momento mágico

Planteamos el vídeo como una entrevista entre el reportero (mi hijo) y la responsable de los caballos. De esta manera, el grueso de la explicación corría a cargo de un adulto y a mi hijo sólo le tocaba hacer las preguntas.

Recuerdo perfectamente el día del rodaje. Mi hijo parecía un títere. Ahora ponte aquí. Ahora ponte allí. Ahora di esto. Ahora di lo otro. Y él obedecía sin entender nada de lo que estaba haciendo.

En su mente no lograba visualizar qué es lo que se suponía que iba a salir de todo aquello.

Hasta que llegó el momento mágico. Ese momento en el que, tras editar el vídeo juntando preguntas y respuestas, con algunas imágenes de caballos grabadas aparte en la misma granja y una música de fondo, vió el resultado final.

Su cara se iluminó. Ahora lo entendía. Ahora sabía qué significaba hacer un vídeo.

Y lo más importante, se vio a sí mismo hablando.

Aunque el vídeo es en catalán te lo adjunto, ya que en realidad lo de menos es el contenido. Lo importante es poder ver la actitud delante de la cámara, el tono de voz, etc…

Cambio de actitud

Cuando a finales de ese mismo curso, con 5 años y medio aproximadamente, nos propusimos hacer otro video para el tema del corazón y el aparato circulatorio, el cambio de actitud fue radical.

Para empezar, ahora, mientras rodabamos cada toma, entendía perfectamente qué es lo que estaba haciendo. Sabía que esas palabras que pronunciaba en casa las iban a escuchar sus compañeros en clase. Y ello le permitía gesticular como si ellos estuvieran presentes e incluso hacer alguna pequeña broma.

Por consiguiente, la proyección de su voz también mejoró enormemente. Ahora hablaba para ellos y el sonido de sus palabras era mucho más audible. Y eso transmitía seguridad.

Con un sólo vídeo, él solo pasó de actuar como una estatua delante de la cámara con una voz comedida, a mostrarse mucho más cómodo y natural, gesticulando y proyectando mejor la voz.

El contenido, eso sí, al igual que en el primer vídeo, lo pusimos nosotros en base a las cosas que él había querido aprender.

Tanto de un vídeo como del otro, la visualización del mismo fue un momento determinante. Por un lado, por el subidón de haber hecho algo distinto, original, que no sólo recibió el aplauso del maestro sino también el reconocimiento del resto de compañeros. Un chute para su autoestima.

Por el otro, una nueva oportunidad para verse en acción.

Participando en todo el proceso

El curso pasado no hubo videos, pero este curso hemos vuelto a las andadas.

El fin de semana pasado rodamos un nuevo capítulo para hablar de las plantas. Concretamente de cómo las plantas pueden salvarnos la vida si alguna vez nos perdemos en la montaña.

En esta ocasión, ya con 7 años, le pedí que participara en el proceso creativo. Que propusiera ideas para ilustrar los diferentes conceptos de los que queríamos hablar. Todavía llevaba yo el peso en este apartado, pero intenté incorporar en la medida de lo posible sus ideas.

El rodaje fue muy fácil. En muchas ocasiones, no necesitaba ni memorizar el texto. Se limitaba a explicar la idea con sus propias palabras y gestos. Incluso eligió él la localización de algunas escenas.

Y también participó en la edición del vídeo.

Sentado a mi lado, estuvo presente durante todo el trabajo de juntar fragmentos, recortar los trozos inservibles, intercalar imágenes entre los vídeos y añadir la música y los títulos.

Ahora, mi hijo, es capaz de anticipar, en el momento de la grabación, cuál va a ser el resultado final en el vídeo. Comunica con bastante seguridad. Es capaz de corregir sobre la marcha los fallos detectados al visualizar un toma que acabamos de grabar. Y empieza a tener la capacidad de detectar fallos suyos o del montaje al visualizar el vídeo una vez terminado.

Y lo más importante de todo. Ya tiene ganas de grabar otro vídeo.

Nuevamente te adjunto el vídeo (en catalán) para que puedas comparar.

Anímale a probarlo

Me gustaría pensar que el caso de mi hijo no es para nada excepcional y que hacerle hacer a los niños este tipo de ejercicios con el vídeo les ayuda enormemente en su evolución como comunicadores.

El autofeedback que ofrece el verse uno mismo hablando es tan potente que no es ni necesario hacer un análisis con él. Ellos se fijan en detalles y los van puliendo poco a poco.

Es evidente que no nos van a dar el Pulitzer, pero como siempre digo, no se trata tanto del resultado final como del hecho de que el niño adquiera el hábito de hacer las cosas de una determinada manera.

Así que, ya seas un padre o una madre, o seas un profesor, te animo a que hagas que tu hijo o alumno grabe de vez en cuando algun video (aprovechando la propia dinámica del colegio o bien una de sus aficiones).

Si lo haces, no dudes en compartir conmigo la experiencia. Me gustará saber que más gente lo ha probado y el resultado obtenido.

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