Es que me han dicho que tengo que hacerlo así

Lo normal es que la gente sea reticente a ser creativa.

La creatividad implica moverse en la incertidumbre y eso significa salir de nuestra zona de confort. Y no lo neguemos: eso da mucho respeto.

Todos nos sentimos mucho más cómodos haciendo las cosas como ya sabemos hacerlas, como se han hecho siempre, que intentando innovar.

Por eso tengo muy asumido que cuando a un cliente o a un alumno le recomiendo que aplique la creatividad a sus presentaciones, de entrada, mi propuesta reciba todo tipo de objeciones.

Sin embargo hay una que me hace una rabia especial, que es cuando la persona en cuestión va y te dice:

“Es que me han dicho que tengo que hacerlo así”.

Instrucciones

Foto obtenida en www.ciudadcorazon.net

Pedir consejo

Es habitual que cuando alguien se enfrenta a un tipo determinado de presentación por primera vez, pida orientación a alguien con mayor experiencia. Eso ocurre especialmente en el ámbito académico, ya que los alumnos que, por ejemplo, deben defender una tesis doctoral acostumbran a hacerlo por primer y única vez. Así que a falta de experiencia, deben buscar ayuda externa.

No hay nada malo en ello. Yo mismo, en mis inicios lo hice.

Además, en muchas ocasiones el consejo viene sin pedirlo. Así que siempre viene  bien un poco de ayuda.

Cuando el consejo se convierte en una instrucción

El problema es cuando uno adopta ese consejo como una instrucción a seguir o, peor aun, cuando la persona que nos lo da trata de imponerlo como lo que hay que hacer.

Ese es el momento en el que, inconscientemente, amordazamos a nuestro yo creativo para que no nos distraiga en nuestra tarea. Optamos por el camino fácil: ceñirse al guión. Y pasamos a crear una más de tantas presentaciones que se habrán hecho siguiendo el mismo patrón.

Ellos tampoco tienen ni idea

En muchos casos, esos consejos los da gente que, si bien está más acostumbrada a presentar que nosotros, no forzosamente sabe como hacerlo.

Existe la creencia de que tener soltura al hablar en público ya es síntoma de saber presentar, pero ya vimos hace unas semanas que eso es un error y que no debemos compararnos a los presentadores primerizos.

En otras palabras, es muy probable que la persona que te dé el consejo, en realidad, tampoco tenga mucha idea de cómo hacerlo bien. Sus recomendaciones, por lo tanto, están basadas en cómo se hace normalmente.

Es más, no pueden imaginar otra forma de hacerlo distinta porque hace demasiado tiempo que amordazaron a su creatividad. Así que al no contemplar otras posibilidades, para ellos esa es la única que cuenta.

¡Atrévete!

Mi experiencia personal me dice que cuando logras saltarte esa forma convencional de hacer las presentaciones y pones en práctica tu creatividad (de forma correcta, claro), el mero hecho de sacarlos de esa tediosa rutina acostumbra a gustar hasta a los mismos que te aconsejaron hacer lo contrario.

Las veces en que he sabido desafiar las instrucciones recibidas con pericia y creatividad, no he recibido nunca ninguna objeción por ello sino todo lo contrario: felicitaciones.

Déjame matizar que cuando hablo de creatividad no me refiero a revolucionar las cosas por completo. Esa es una opción válida pero que reconozco que requiere mucha valentía para una primera vez. Pero una presentación es creativa también cuando incorpora algunos detalles originales que le dan un toque personal y diferente. Y este tipo de creatividad sí que está a tu alcance.

Así que mi recomendación es que cuando te digan que “debes hacerlo así”, esa es justo la manera de hacerlo de la que deberías intentar de huir.

¿Has “desobedecido” alguna vez uno de esos consejos en una presentación? ¿Cuál fue el resultado? ¿Crees que es posible no hacerles caso? Comparte tu experiencia en un comentario.

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