Usa la caricatura para hacer pensar a tu audiencia

Toda presentación debe perseguir un cambio en la audiencia, aunque hay cambios y cambios.

Algunos son relativamente fáciles de conseguir. Por ejemplo donar dinero a una causa benéfica a la salida del auditorio. Para ello necesitas tocar el lado emocional de tu público para moverlos a la acción.

Sin embargo, hay cambios que necesitan mucho más que eso. Por ejemplo, un cambio en tu actitud o en tu forma de actuar frente a ciertas situaciones. Esos casos son más complicados porque el cambio no se limita sólo a la salida de la presentación sino que debe perdurar en el tiempo.

En este tipo de cambios más complejos, la clave es lograr convencer al oyente de que debe hacer ese cambio. Y para ello es necesario hacerles pensar.

¿Cómo puedes hacer pensar a tu audiencia de forma eficaz?

Caricaturas

Muchos de los grandes conferenciantes logran remover nuestro interior mediante el uso de un recurso humorístico muy poderosos: la caricatura. Y hoy quiero explicarte 3 pasos básicos que debes seguir para lograr caricaturas que logren hacer pensar a tu audiencia.

1.- Busca una situación que ilustre lo que quieres cambiar

En primer lugar, debes buscar una situación cotidiana que pueda darse en la vida diaria de tu audiencia (para eso debes conocerla mínimamente) y que ilustre bien el problema que se quiere solucionar con el cambio que les vas a proponer.

Por ejemplo, si quieres que la gente tome conciencia de que debe dedicar más tiempo a la familia, puedes elegir como situación cuando tu hijo te viene a pedir que juegues con él y tu le pones excusas para hacerlo otro día.

Hasta aquí, se trata de un caso muy real que seguramente todos los que somos padres hemos vivido y protagonizado más de una vez.

No se trata de ilustrar el cambio sino el problema: la situación de partida. El cambio será la solución a ese problema que vamos a describir.

2.- Exagera

A continuación, lo que debes hacer es exagerar algunos rasgos de esa situación. Llevarlos a tal extremo que resulten tan ridículos que hagan reír.

Siguiendo el ejemplo, podríamos decir que el padre le pide al niño que pida cita para jugar porque tiene la agenda muy llena. O que se instaló un Su Turno en el comedor para pedir 5 minutos para jugar. Cualquier idea que exagere la situación real para convertirla en una caricatura de ella misma.

Lo que es importante es que aquello que se exagera esté directamente relacionado con el problema. No sirve de nada caricaturizar los detalles menores de la situación, ya que vamos a desviar la atención del público hacia donde no nos interesa.

En el cine francés, por ejemplo, son expertos en caricaturizar ciertos comportamientos humanos de forma magistral. Películas como El Nombre llevan algo tan banal como la elección del nombre de un hijo hasta un extremo tan surrealista que resulta hilarante.

3.- Dale un giro dramático

Precisamente esa misma película sirve para ilustrar el tercer paso: el giro dramático.

En el momento más divertido de todos, justo en el clímax del buen humor, ocurre algo inesperado que crea una tensión brutal. Se acaba la broma. Y la situación da mucho que pensar.

Si no has visto la película te la recomiendo.

Cuando ya hayas exagerado tu situación, deberás hacer un giro inesperado a tu discurso para crear esa misma tensión. Una frase contundente y seria que les recuerde a tus oyentes que, a pesar de las bromas, el problema es muy serio.

Por ejemplo: “Podéis reír todo lo queráis, pero os estáis perdiendo la vida de vuestros hijos.”

El contraste entre el momento previo e hilarante y el silencio de después del giro dramático es tal que el oyente no puede sino pararse a pensar sobre ello. Del mismo modo que después de ciertas películas cómicas uno se queda reflexionando y suelta el típico comentario: “es muy divertida, pero en el fondo es muy dura”.

La caricatura exagera los rasgos más destacables de una persona o de una situación. Por eso es lógico que exagere también los defectos.

Exponer los defectos de alguien sin más acostumbra a ir acompañado de una actitud defensiva por parte de quien los escucha.

Sin embargo, hacerlo con humor, con exageración, y sin personalizar en nadie, hace que cada uno pueda sentirse identificado con alguno de ellos de manera anónima y sea más receptivo y propenso a la autocrítica.

¿Has usado alguna vez la caricatura en tus presentaciones? ¿Cuál fue el resultado? Gracias por compratir tu experiencia.

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