Repiqueteando: una dinámica para demostrar la Maldición del conocimiento

Uno de los momentos que generan más debate entre los alumnos de mis cursos es cuando le digo que es necesario bajar el listón de nuestro discurso para asegurarnos de que todos nos entienden.

A aquellos que vienen de entornos académicos se les ponen los pelos de punta.

Sus objeciones se basan en la idea de que bajar el nivel empobrece la charla y aseguran que los oyentes no son tontos y seguro que lo entenderán. También sostienen que bajar el nivel puede afectar a su credibilidad.

El problema es que de nada sirve una charla bien rica en tecnicismos y con un alto nivel intelectual si no se entiende.

Hacía tiempo que buscaba sin suerte la forma de demostrarles la necesidad de bajar el listón hasta que hace poco, leyendo Ideas que Pegan, descubrí un experimento que reproduje en una de mis clases.

La Maldición del Conocimiento

El fenómeno descrito anteriormente lo bautizaron los hermanos Heath como la Maldición del Conocimiento.

Maldición del Conocimiento

Foto obtenida en iturriagaluis.blogspot.com

Por lo general, la persona que realiza una ponencia sobre un tema acostumbra a tener un profundo conocimiento de este. Puede que haya dedicado toda su vida a ello, o que durante los últimos años haya trabajado en la materia muy intensamente. Tiene toda su lógica: ¿para qué vas a querer escuchar a alguien que te habla de algo que no domina?

El problema es que cuando uno sabe tanto sobre algo, es muy difícil ser consciente de que a los demás el tema les cae mucho más distante. Incluso si el público pertenece a la misma disciplina que el ponente, el hecho de haber dedicado tantas horas al tema abre una brecha de conocimiento entre lo que sabe el orador y lo que sabe la audiencia.

Y no ser consciente de ello es la causa de que tantos conferenciantes caigan en esa Maldición. Ya que lo explican como si el público tuviera que entenderlo absolutamente todo. Es evidente. ¿Cómo no van a entender algo que es tan obvio?

La dinámica: Repiqueteadores y oyentes

En una de las sesiones que imparto sobre comunicación en el Máster en Liderazgo Educativo de Blanquerna, basándome en el experimento llevado a cabo en 1990 por la Dra. Elisabeth Newton de la Universidad de Stanford, propuse un juego a mis alumnos.

tapping fingersUno de ellos, que se ofreció como voluntario, recibió una lista de 20 canciones populares. Las instrucciones eran que debía repiquetear una de ellas, la que prefiriese, para que el resto de los alumnos la adivinaran.

Los alumnos debían permanecer callados (aunque supieran de qué canción se trataba), ya que antes de decir cuál era la canción, el repiqueteador debía pronosticar el % de aciertos que tendría el público. Para ello va bien que el repiqueteador esté de espaldas a los demás para que no tenga pistas al ver sus caras.

El alumno voluntario eligió su canción y la repiqueteó. Luego pronosticó un 50% de aciertos. Pero cuando el resto de alumnos intentaron adivinarla sólo el 7% acertó. La sorpresa en el repiqueteador fue tremenda por el bajo acierto obtenido.

Un consejo: eliminad el Cumpleaños Feliz. Lo aciertan a la primera y nos joroba el invento ;-)

Oímos la melodía en nuestro interior

A pesar de que el pronóstico del repiqueteador no era demasiado alto, se quedó muy lejos del porcentaje real de aciertos, lo cual coincide con los resultados obtenidos por la Dra. Newton.

La explicación es muy sencilla. La persona que repiquetea lo hace pensando en la melodía de la canción. Dicho de otro modo, mientras da los golpecitos sobre la mesa está oyendo la melodía mentalmente.

En cambio, los oyentes sólo oyen los golpes.

Por eso lo que parece lógico para el repiqueteador (por eso acostumbra a ser más optimista en cuanto al grado de aciertos), en realidad no lo es para el que escucha.

Dicho de otro modo, al repiqueteador le cuesta hacerse con la idea de que la audiencia sólo oye los golpecitos porque el, al saber más sobre la canción, puede oír la melodía y entonces el ejercicio le parece de lo más obvio.

Baja el nivel para que adivinen tu canción

Del mismo modo que ocurre al repiquetear, cuando hablamos de un tema que conocemos a los demás, mentalmente oímos su melodía. Muchos de los conceptos que queremos transmitir los encontramos obvios porque nosotros, mentalmente, tenemos en nuestro poder todo el saber necesario para comprenderlo. Sin embargo, para nuestra audiencia, sólo son conceptos difíciles de conectar entre sí (como los golpecitos del repiqueteo).

Bajar el nivel,  por lo tanto, significa apagar esa melodía que suena en nuestras mentes y ser conscientes que nuestra audiencia sólo va a oír los golpes. De que a ellos les falta esa parte de conocimiento que resuena en nuestra mente y sin la cual resulta mucho más difícil comprender los conceptos que les queremos transmitir.

Por lo tanto, debemos asegurarnos que esos golpes, por sí solos, son lo suficientemente claros como para que adivinen nuestra canción. Esos conceptos debes explicarlos muy bien para asegurarte de que comprenden tu mensaje.

¿Has caído alguna vez en la Maldición del conocimiento? ¿Cómo lo haces para evitarla? Gracias por compartir tu caso en un comentario.

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Comentarios

  1. dice

    A veces puede resultar ineludible cierto uso de lenguaje técnico, pero cuando se usa, debería acompañarse de una breve acotación (o una buena diapositiva que ilustre nuestro término en forma muy clara) para que quienes nos oyen (y observan) puedan seguir con nosotros. Creo que en este punto entra la importancia de conocer a nuestra audiencia, para saber adaptar hasta donde sea posible nuestras ponencias.

    • Roger Prat dice

      Efectivamente, Gerson. Cuanto más se conoce a la audiencia, más fácil es adaptar tu discurso a su grado de conocimiento.

      Gracias por tu comentario.

      Un saludo!

  2. dice

    Muy buen post. Me recuerda mucho mis años explicando Física aplicada en la Universidad., Entre más conocimientos tienes más difícil es llegar al estudiante.
    Para mi humilde entender, esto lo resume de una manera excelente el periodista y escritor uruguayo Eduardo Galeano en su libro “Las venas abiertas de AL” cuando escribió: “El lenguaje hermético no siempre es el precio inevitable de la profundidad. Puede esconder simplemente, en algunos casos, una incapacidad de comunicación elevada a la categoría de virtud intelectual. Sospecho que el aburrimiento sirve así, a menudo, para bendecir el orden establecido: confirma que conocimiento es privilegio de élites.”
    Un saludo y me he logueado para recibir tus boletines.

  3. dice

    Buena dinámica para ejemplificar el concepto, ¡felicidades!

    Una manera de solucionar la maldición es, como dice Garr Reynolds, pensar como un principiante ya que “en la mente del principiante hay muchas posibilidades. En la del experto, muy pocas”.

    Coincido contigo en que cuando preparas presentaciones para otros, a menudo les cuesta bajar el nivel técnico. Muchos lo ven como un “rebajarse” cuando en realidad es un “adecuarse”. Una lectura corta que ayuda a entender el concepto es esta: http://goo.gl/nlrYRb

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