¿Qué hacer con las manos durante una presentación?

Manos que hablan

Foto obtenida en elpoderdelosgestos.wordpress.com

La blogosfera está llena de artículos sobre el significado de nuestro lenguaje corporal. Artículos en los que se pone de manifiesto el cuidado que debemos tener con nuestros gestos para que estos no transmitan un mensaje que se contradiga con nuestras palabras. Las palmas abiertas, los puños cerrados, las manos en los bolsillos… todos estos detalles también comunican y son importantes.

Sebastián Lora escribió hace tiempo un artículo muy acertado en su blog en el que listaba una serie de cosas que no deben hacerse con las manos mientras se habla en público.

Con estas premisas en la cabeza, muchos ponentes salen al escenario obsesionados por su lenguaje corporal. Y entonces ocurre que en lugar de poner los 5 sentidos en lo que van a decir, empiezan a desviar su atención hacia los movimientos de sus manos. Eso, por un lado, les hace perder naturalidad. Y por el otro les genera una duda:

¿Qué hago con mis manos durante la presentación?

Existen evidencias empíricas que demuestran que gesticular hablando es mucho más fácil que hacerlo sin gesticular. Aquello que podemos decir en pocas palabras si lo acompañamos de un gesto (“ese lápiz de ahí” mientras lo señalamos) se vuelve mucho más complejo si no podemos usar las manos (“el lápiz que hay sobre la mesa del escritorio entre el estuche y la goma de borrar”).

Por lo tanto, lo recomendable es gesticular cuando hablamos. Aunque debemos diferenciar dos situaciones distintas que pueden convivir en una misma presentación: cuando hablamos de memoria y cuando lo hacemos espontáneamente.

¿Qué hacer con las manos cuando lo que decimos lo hemos memorizado previamente?

Hace poco grabé una serie de videotutoriales para un curso. Al tratarse de videos cortos, estime oportuno no improvisar mi discurso. Por lo tanto, aunque no al 100%, memoricé los fragmentos que debía pronunciar. Cuando luego visualicé los vídeos, me di cuenta que mis manos iban marcando las pulsaciones de cada una de mis palabras, como si de algún modo, fuese haciendo un chequeo de que dije todo lo que tenía que decir. Fue un gesto totalmente inconsciente pero que me llamó la atención al verlo. Lo encontré molesto.

Cuando en abril viajé hasta Mallorca para hacer una presentación en el Club Toastmaster pude ver en acción a Sebastián Lora no sólo presentando sino también en modo evaluador de presentaciones. Un lujo. Recuerdo que tras una ponencia, le tocó el turno de evaluar a la ponente y le dijo una frase que me quedó grabada: “deberías pintar con las manos lo que estás diciendo con palabras”.

Ese día, gracias a Sebastián y a otros grandes oradores como Tobías Rodrigues, quien ya escribió en este blog un artículo sobre lenguaje corporal, entendí que nuestros movimientos no sólo pueden contemplarse en modo reactivo (qué significan los gestos que hago) sino que también se puede utilizar de forma proactiva (qué gestos uso para ilustrar lo que quiero decir).

Cuando me vi en el vídeo haciendo aquello con las manos me vino a la memoria la frase de Sebastián y decidí que en vídeos posteriores debía cambiarlo. Así que, como sabía las palabras que tenía que decir, busqué aquellos gestos que pudieran acompañarlas. Al hablar de cosas independientes entre sí, dibuje con las manos compartimentos estancos. Y al mencionar la idea de un hilo argumental, dibujé con la mano un hilo de izquierda a derecha. Y cuando mencioné la cifra 3, hice 3 con los dedos.

Cuando sabemos exactamente qué es lo que vamos a decir, podemos utilizar nuestras manos como soporte visual para transmitir esa misma idea también por el canal visual. De esa manera no sólo contribuimos a una mejor comunicación sino que además evitamos que nuestras manos se muevan de forma no controlada y puedan delatarnos.

Ya sabes. Puestos a memorizar, memoriza también los gestos.

¿Qué hacer con las manos cuando hablamos espontáneamente sin haber memorizado las palabras?

Sin embargo, lo que yo recomiendo siempre es no memorizar las palabras sino la estructura. Teniendo claro qué es lo que se quiere contar y cuál va a ser la secuencia argumental que vamos a utilizar, para mi lo mejor es dejar que las palabras fluyan con naturalidad. Eso no significa improvisar por completo. Es sólo que uno lo practica repetidas veces y las palabras se van poniendo por sí solas en su lugar. De modo que algunas, al final, parecerán como si las hubieras memorizado y otras las pronunciarás por primera vez en directo.

Cuando no sabes exactamente qué palabras utilizarás resulta imposible definir con anterioridad los gestos que necesitas. En ese caso lo mejor es actuar de forma natural y gesticular según te lo pida el cuerpo. Y existen varias razones para ello:

En primer lugar, gesticular durante tu discurso te ayudará a poner de manifiesto tu pasión por el tema. Y transmitir pasión por algo es la mejor manera de demostrar que eso que estás contando te importa de verdad. Cuando un ponente habla sobre algo sin a penas gesticular, en modo estatua, uno tiene la percepción que no le importa demasiado aquello que está contando. Y si no le importa al ponente, ¿por qué debería importarle a la audiencia?

En segundo lugar, gesticular nos hace parecer naturales. Cuando vemos a alguien hablar sin gesticular tenemos la sensación de que esa persona se siente incómoda. Y es muy difícil confiar en alguien así. En cambio, si percibes que alguien que te habla está relajado, que te habla como le hablaría a un amigo, es mucho más fácil que tu también te relajes y termines por confiar en él. Así que si gesticulamos durante nuestra presentación conseguiremos mostrarnos más naturales.

Finalmente, el movimiento ayuda a tu mente a pensar. Es por esto que muchos procesos creativos se ejecutan en movimiento. Ponerse a deambular por una sala en busca de una idea creativa, o tener alguna revelación durante una sesión de running son hechos habituales. Muchas personas tienen sus mejores ideas mientras corren. Moverse hace que la sangre bombee con más fuerza y llegue más sangre al cerebro, con lo que aumenta su actividad.

Además, existen estudios que avalan la teoría que gesticular con las manos mientras hablamos nos ayuda a encontrar mejor las palabras que debemos utilizar. En ellos, se pedía a niños bilingües que contaran una historia en su lengua nativa y una en su otra lengua. En contra de lo esperable, los chicos no gesticulaban más con el idioma en el que se sentían menos hábiles sino en su lengua más fuerte. Según estos experimentos, se cree que la gesticulación permite un mejor acceso a la memoria y al lenguaje  para poder contar mejor la historia. En cierto modo, los gestos nos ayudan a encontrar las palabras.

En definitiva, hables de memoria o improvisadamente, lo mejor es que acompañes tu discurso con los gestos que prepares o que te salgan en ese momento, respectivamente.

¿Qué haces con las manos cuando presentas? ¿Te obsesiona qué hacer con ellas durante tu presentación? Gracias por dejar tu comentario.

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