¿Qué competencias debe tener un buen comunicador?

Cualquiera que se plantee ponerse a hablar delante de una audiencia (cualquiera que sea su tamaño) va a necesitar ciertas habilidades para hacerlo con éxito.

Existen ciertas competencias personales que ayudan a uno a ser mejor comunicador.

Te pongo un ejemplo.

Tener empatía te permite ponerte en el lugar de los demás, y eso es fundamental para intentar entender qué es lo que espera la audiencia de ti y cuáles son sus necesidades. Así que tener la empatía como una de esas competencias adquiridas es una gran ventaja para un presentador.

comunicador

Foto obtenida en comunicacionyotrashierbas.wordpress.com

El de hoy es un post participativo.

Me gustaría que me ayudaras a identificar aquellas competencias que tu consideras más importantes para poder ser un buen comunicador. Puede que sean las que ya tienes o justo las que te faltan.

La intención es que, entre todos, obtengamos un perfil de cómo debería ser un buen presentador que nos sirva como referencia para saber qué aspectos debemos trabajar más.

¿Te animas?

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Comentarios

  1. elvis cesar serrano montalvo dice

    muy buen aporte… en serio…por ahora no se me acurre una buena habilidad____
    claro la energia con la que uno transmite el mensaje…. yo me dedico al baile breakin…y cuando lo hago, tengo que tener cuidado de mantener el nivel de energia alto …de lo contrario los pasos ya preentrenados ser berian muy pobres ..inestables..y el mensaje que quiero transmitir no seria el adecuado.

    gracias ¡¡¡¡ ”’ esto me ayuda muchisimo ¡¡¡ ^^

  2. dice

    Hace algún tiempo escribí este artículo y creo que responde en parte a su pregunta:

    Autenticidad. Ser autentico implica ser fiel a nosotros mismos, porque al hacerlo encarnamos nuestros ideales, descubriendo lo que realmente queremos para nuestra vida y proyectándolo en nuestro diaria peregrinar. Autenticidad es vivir nuestros principios, nuestros valores, nuestra fe. Implica vivir según lo que amamos.

    Prudencia. Se define como la “capacidad de pensar, ante ciertos acontecimientos o actividades, sobre los riesgos posibles que estos conllevan, y adecuar o modificar la conducta para no recibir o producir perjuicios innecesarios”. Muchos a la prudencia le llaman la virtud “del gobernante”, porque es la capacidad que debe regir para tomar sabias decisiones, por eso el Orador, gobernante de sus palabras y pensamientos debe desarrollarla.

    Madurez. Cuando indico la madurez como una de las características de todo Orador, lo hago al considerar la madurez como un estado avanzado de desarrollo tanto en lo emocional, espiritual como en lo social. Significa que un Orador con madurez es aquel que ama, perdona, valora y respeta descubriendo que no tenemos antagonistas, sino complementarios.

    Confianza. La confianza debemos entenderla como la capacidad que tenemos de valorar nuestras capacidades y limitaciones. Un orador con confianza es aquel que reconoce su singularidad y se esfuerza por afrontar cada reto con su potencial, los cuales conoce, valora y trabaja.

    Simplicidad. La simplicidad no es sinónimo de conformismo. La simplicidad de un Orador, es la verdad de un carácter natural, inocente y recto, que no conoce ni el disfraz, ni la malicia, ni el fingimiento. La simplicidad es sinónimo de sencillez y de honradez. Es vivir solo con lo que se necesita, respetándose a uno mismo por encima de todo.

    Humildad. Un Orador debe relacionarse de manera sana con su percepción emocional. Humildad será entonces la actitud de seguir adelante conociendo las propias limitaciones y debilidades y actuar de acuerdo a tal conocimiento respetando a otros cuyas diferencias con nosotros puedan ser evidentes por capacidades o condiciones, regulando a su vez, el deseo de excelencia personal para que se dirija hacia amar a Dios y no a la satisfacción del ego. El Orador humilde descubre su propio valor ante Dios y no a la luz de los aplausos humanos.

    Unicidad. Al incluir la unicidad quiero hacer referencia a la condición propia del ser humano: individuos únicos, irrepetibles e insustituibles. Así que un Orador que desarrolla esta capacidad, valora cada una de sus acciones sabiendo que sus palabras, silencios e inflexiones puede cambiar la vida de muchas personas a su alrededor.

    Modestia. A la Modestia se le conoce como la virtud que modera todos los movimientos de la persona según sus capacidades y opciones de vida. Para el Orador es la capacidad de aceptar lo que tiene y enfocarse en ello para construir su vida, sin prejuicios sobre lo que merece o pueda tener. Un Orador modesto sabe que el pasado no volverá, que el futuro no lo puede controlar y que solo el hoy es algo en el cual participa.

    Sabiduría. Cuando uno se refiere a la sabiduría tiene la tendencia a pensar en un estado de éxtasis espiritual, de momentos reservados a seres místicos, pero la verdad es que la sabiduría la debemos entender como la facultad de las personas para actuar con sensatez, prudencia o acierto. En consecuencia, un Orador sabio es aquel de ha logrado aprender de sus experiencias y conocimientos para resolver problemas, alcanzar metas y aconsejar a otros.

    Sensibilidad. Esta última característica que describo es definida como la “capacidad natural de las personas a emocionarse ante la belleza y los valores estéticos o ante sentimientos como el amor, la ternura o la compasión”. Por consiguiente, un Orador sensible es aquel que anhela que su vida traiga impacto positivo al mundo y a la vida de otros, genere sonrisas y felicidad, provea bienestar a la vida de los demás.

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