Presentaciones para vagos

Hace unas semanas escribí sobre la importancia de hacer una buena llamada a la acción para conseguir hacer presentaciones que venden.

Normalmente sabemos qué es lo que queremos conseguir que nuestra audiencia haga al salir de la presentación, tenemos claro el cambio que se debe producir en ellos, y nos volcamos en convencerles durante toda nuestra presentación de que eso que les decimos es lo que deben hacer.

Leones

Foto obtenida en www.animalcorner.co.uk

Sin embargo debéis saber que vuestra audiencia se rige por la Ley del mínimo esfuerzo. La probabilidad de que no lo hagan es muy elevada salvo que seamos capaces de hacer una presentación para vagos.

¿Cómo podemos preparar una presentación para que hasta el oyente más gandul se ponga las pilas?

 

Vagos por naturaleza

Tal y como explica la Dra. Susan M. Weinschenk en su libro 100 things every presenter needs to know about people, es un hecho demostrado que el ser humano es vago por naturaleza.

Uno de los instintos primarios de los animales (hombres y mujeres incluidos) es el de la conservación de la energía como modo de supervivencia. En otras palabras, es guardarse la energía para aquello para lo que realmente la vamos a necesitar.

¿Os suena la expresión “hacer el perro”? Si habéis visto reportajes sobre animales de la selva seguro que recordáis la imagen de unos leones tumbados en la sombra durante horas, ¿verdad? Sólo se mueven para cazar, beber, buscar una buena sombra y practicar sexo. Todo lo demás sobra. Eso es un buen ejemplo de lo que significa este instinto de conservar la energía.

También los hombres seguimos ese mismo comportamiento.

Por ejemplo hemos pasado de realizar cálculos matemáticos mentalmente (lo cuál requiere un esfuerzo considerable) a hacerlo usando una calculadora, en un claro ejemplo de cómo realizar una misma tarea gastando la mínima energía posible en ello

¿Cómo ayudar a nuestra audiencia a conservar su energía?

Si de lo que se trata es que puedan hacer lo mismo – atender nuestra presentación – con el mínimo esfuerzo, hay tres cosas fundamentales que podemos hacer para facilitarles esa tarea.

No les hagas leer

Y sobre todo, no les hagas leer al mismo tiempo que deban escucharte. Porque eso es duplicar el esfuerzo para obtener el mismo resultado.

Por eso es fundamental que elimines tanto texto como puedas de tus slides. Porque como buenos vagos, no van a realizar ambas cosas sino una de ellas, y leer tiene todo los números, ya que les permite hacerlo al ritmo que ellos quieren.

Para que te escuchen atentamente pónselo fácil y no les ofrezcas la posibilidad de enterarse de lo mismo de otro modo que no sea mediante tu discurso.

Déjales que te entiendan

Da igual si tu audiencia conoce o no el lenguaje técnico del tema sobre el que vas a hablar. Cuando tengas la posibilidad de decir una cosa utilizando un vocabulario sencillo y fácil de entender no les compliques la vida usando un lenguaje excesivamente técnico.

No se trata de si serán capaces o no de comprenderlo, sino de si eso les va a suponer un mayor o menor esfuerzo. Cuanto más simple sea el vocabulario empleado, menos energía necesitará la audiencia para entenderlo.

Pónselo fácil y háblales los más sencillo posible.

No les líes

Otro factor clave que incide en la cantidad de energía que gasta nuestra audiencia es la estructura de nuestra presentación. Si todos los argumentos, por buenos que sean, no están estructurados de una manera lógica y fácil de seguir, al público le vamos a complicar mucho el proceso de comprensión.

El oyente tendrá un trabajo extra intentando conectar los distintos argumentos entre sí, buscando la conexión existente entre nuestras ideas. Y eso no sólo implica un mayor gasto de energía sino una mayor dificultad para seguir nuestro discurso.

Para ayudar a nuestra audiencia a conservar la energía debemos construir una presentación muy fluida, en donde los argumentos se dispongan siguiendo una secuencia lógica y que no requiera prácticamente ningún esfuerzo seguir el discurso y entenderlo.

Para que tu audiencia ahorre energía, gasta tú la tuya

Todo esto que necesitas hacer para conseguir el objetivo de que tu audiencia conserve energía implica un gran trabajo por tu parte.

Una presentación sin texto implica que nosotros no podremos leer durante nuestra ponencia, con lo que el trabajo de preparación será muy importante. Explicarlas cosas con un lenguaje simple requiere una preparación previa de nuestro discurso para depurar nuestro vocabulario. Y una buena estructura son muchas horas de ordenar y reordenar ideas hasta encontrar aquella estructura que fluye sola.

Este es un trabajo que no puedes dejar de hacer. Porque la energía que tú te ahorres cuando prepares tu presentación será energía que tendrán que gastar tus oyentes para entenderla. En consecuencia, como somos unos vagos, tienes muchas posibilidades de que tu audiencia desconecte por no estar dispuesta a hacer el esfuerzo que le pides.

¿Cómo conseguir que la audiencia haga el esfuerzo?

Lo que hace que en ocasiones rompamos la ley el mínimo esfuerzo es la motivación.

Cuando nos sentimos motivados por algo somos capaces de gastar grandes cantidades de energía para conseguirlo. Así que el secreto para conseguir que nuestros oyentes se esfuercen en hacer lo que les pedimos es ser capaces de motivarlos. Y para ello hay 3 cosas básicas que podemos hacer.

Ofréceles un beneficio

Lo vimos haces unas semanas. La gente no actúa por amor al arte. Se mueve en busca de un beneficio.

Tu audiencia no va a mover el culo por ti salvo que en ello vea una oportunidad de ganar algo. Así que si tu mensaje no va acompañado de un beneficio, es muy probable que su vagancia natural le impida atender tu llamada a la acción.

La perspectiva de salir ganando es siempre una buena motivación.

Emociónales

No hay mejor manera de motivar a alguien que a través de sus emociones.

Los mejores discursos de la historia no están basados en cifras y datos objetivos sin en los sentimientos de la gente. “Yes, we can”, “I have a dream”… buscan remover las entrañas de la gente para sacar lo mejor de sí mismos.

Así que utiliza todos los recursos que estén a tu alcance para conseguir emocionar con tus palabras.

No pretendas que ganen la guerra. Pídeles que ganen una batalla

Muchas veces la llamada a la acción de las presentaciones es demasiado ambiciosa.

 Toda presentación debe perseguir un cambio, pero hay cambios que necesitan más de una presentación. Cuando esto ocurre, es más efectivo rebajar las pretensiones y fijar como objetivo un pequeño cambio que nos acerque a el cambio total que queremos lograr.

Los cambios asequibles son extraordinariamente motivadores, ya que permiten comprobar los beneficios del cambio sin riesgo de frustración por no lograrlo, y despiertan el apetito para seguir haciendo pequeños cambios que nos permitan, al final, conseguir el gran objetivo.

¿Eres de los que ayudan a su audiencia a ahorrar energía o de los que hacen presentaciones que se la consumen toda? ¿Crees que como presentador puedes reducir esa vagancia natural de tus oyentes? Gracias por dejar tu comentario.

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