Preguntas y respuestas: no te andes con rodeos

Hace dos días asistí a un seminario. 3 ponentes hablando durante unos minutos sobre un tema dieron paso a un turno abierto de preguntas y respuestas.

Había uno de los ponentes que presentaba una particularidad bastante habitual: cada vez que le hacían una pregunta, él empezaba a darle vueltas al tema de forma repetida sin llegar a ninguna parte.

De hecho, daba tantas vueltas que te despistaba de tal manera que, incluso a veces, eras incapaz de adivinar si la respuesta había sido respondida o no. Aunque la mayoría de las ocasiones te dabas cuenta de que, en realidad, no había dado respuesta.

Personalmente, la sensación que me produce un ponente que no responde a lo que se le pregunta es nefasta. Sobretodo cuando la pregunta que queda sin responder era la mía. Y creo que eso es algo que podríamos hacer extensivo a la mayoría de personas que acuden a una presentación.

¿Te has encontrado alguna vez un ponente que se anda con rodeos y no responde?

Me he dado cuenta que hay quien utiliza este recurso de forma involuntaria. No son conscientes de ello.

En cambio, hay quienes lo hacen de forma premeditada por las ventajas que conlleva utilizar una respuesta rodeo.

Las ventajas de los rodeos

rodeoEs evidente, y en política es algo muy utilizado, que darle vueltas sin parar a un tema marea y despista.

Del mismo modo que un caballo o un toro salvaje de rodeo empieza a girar sobre sí mismo para lograr desprenderse del jinete que pretende montarlo, muchos ponentes hacen lo mismo a la hora de responder una pregunta incómoda (por la respuesta que debe dar o por no saber la respuesta) con el fin de quitarse de encima la pregunta sin haberla contestado.

Y la verdad es que funciona en la gran mayoría de los casos: cuando e l presentador termina una respuesta rodeo, pocas veces el oyente le pide o le increpa por no haber respondido a la pregunta.

Evidentemente esto supone una ventaja: no tener que responder y salir del paso del aprieto.

Lo que la buena educación esconde

Sin embargo, que el oyente no insista y acepte la respuesta rodeo no significa que quede satisfecho. Y no sólo él. También el resto del auditorio puede percatarse de la insuficiencia de la respuesta y, aunque no diga nada, salir insatisfecho.

La razón de ello es la buena educación.

Nos han educado a no replicar en público. A no querer ser el centro de atención cuando no nos toca serlo. Y por eso, ante una situación de este tipo, preferimos quedarnos sin respuesta que seguir insistiendo y montar un numerito.

Además, como el turno de preguntas y respuestas acostumbra a ser al final, insistir mucho implicaría alargar la charla en el tiempo (algo que generalmente resulta ser bastante impopular o, directamente, imposible – ya que el ponente no dispone de más tiempo).

Así que detrás de esa buena educación, detrás de aceptar esa respuesta rodeo como válida, se esconde un oyente decepcionado. Un oyente cuyas expectativas contigo no se han cumplido. Un oyente, en definitiva, para quien el ponente y su credibilidad pierden enteros hasta el punto de poder desacreditar todo lo que hayas dicho durante la conferencia.

No te andes con rodeos

En tus presentaciones, no te andes con rodeos cuando debas responder una pregunta difícil o comprometida.

Si no sabes la respuesta, admítelo abiertamente. Y busca una forma de poder responder la pregunta una vez hayas podido consultarla debidamente.

Si la respuesta no va a ser del agrado de la audiencia, puedes intentar minimizar el impacto emplazando al oyente que pregunta a responderla aparte después de la charla (siempre y cuando eso sea posible). Si la pregunta está directamente relacionada con el tema me temo que deberás responderla. Llegado el caso, hazlo de forma sincera. Aunque la respuesta pueda doler, siempre duele menos con sinceridad que si te das cuenta que te la están intentando meter doblada.

Si no eres consciente de ello (pero sospechas que podrías ser de los que lo hace), graba en vídeo una de las presentaciones y compruébalo. Y si quieres mejorar ese aspecto, te sugiero que practiques tu capacidad de síntesis esforzándote en responder la pregunta siempre en una sola frase.

No significa que no te puedas extender luego. Sólo te sugiero que seas capaz de dar una primera frase que pudiera servir como respuesta en caso de no poder hablar más rato. Una frase que satisfaga las expectativas de quien lanza la pregunta y le relaje durante el resto de tu respuesta.

¿Tienes experiencia dando o recibiendo respuestas rodeo? Cuéntanoslo en un comentario.

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