¿Por qué ponerle empeño a veces no es suficiente?

Hay presentadores que fracasan por falta de preparación. No ensayan lo suficiente como para que el discurso salga correctamente y eso les juega una mala pasada. Muy probablemente habrás detectado alguno de estos asistiendo como espectador a una de sus presentaciones.

Sin embargo, hay otros que fracasan muy a pesar del enorme empeño que le han puesto en los ensayos para que la ejecución sea perfecta. Y lo más desconcertante es que, en muchas de estas ocasiones, lo es.

Pero a pesar de esa buena preparación y ejecución, el público no sale contento.

¿Por qué ponerle empeño a veces no es suficiente?

El domingo fui a un concierto en el auditorio de Barcelona. Un concierto de una orquesta formada casi únicamente por instrumentos de viento dirigido a un público infantil y/o familiar.

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La calidad musical era innegable. La coreografía estaba muy trabajada, sobre todo teniendo en cuenta que no se trataba de músicos de orquesta que no están acostumbrados a moverse durante sus actuaciones. El vestuario era original. Sin embargo, al finalizar el mismo, tanto mi sensación como la de la gente que me acompañaba coincidía en que el concierto no nos había gustado del todo.

¿Cómo puede ser que tanto trabajo y tanta calidad consiguieran una impresión tan pobre en el público?

¿A dónde quieres ir a parar?

band re vent tant 2Tras comentar el concierto, llegamos a la conclusión de que lo que no nos gustaba era que al concierto le faltaba sentido. Las cosas sucedían sin un propósito aparente. Los músicos aparecían con un chubasquero, luego unos simulaban un combate de sumo, después se mezclaban con el público…

En el ámbito musical el repertorio no fue una excepción. Estaba falto de continuidad. Las canciones no guardaban una relación entre ellas que diera sentido al concierto.

El resultado era el desconcierto. Durante todo el espectáculo tuve la sensación de no saber a dónde querían ir a parar. Daba la sensación que cualquier cosa que hicieran valía mientras sirviese para distraer al público.

Andar por andar

Cuando uno no tiene un rumbo definido, cuando no hay un destino claro al que se pretende llegar, uno se encuentra de golpe dando tumbos de aquí para allá sin criterio alguno completamente perdido.

Para poder avanzar hacia alguna parte es necesario saber a qué parte se desea ir o, por lo menos, cuál es el camino a seguir para llegar al desconocido destino. Eso es lo que le da sentido al viaje. Sabes que cada etapa te acerca cada vez más a la meta.

Andar por andar sólo sirve para pasar el tiempo, pero así no logras llegar a ningún lado.

En las presentaciones pasa exactamente lo mismo. Al público no le gusta perder el tiempo, así que lo que esperan es que les lleves a alguna parte. Están dispuestos a dejarse llevar por donde tu les digas siempre que lleguen a algo que valga la pena. No quieren andar por andar.

Una cuestión estructural

Así que, tanto si les planteas de entrada el lugar donde los llevas o como si les das una sorpresa, van a querer tener la sensación, durante toda tu exposición, de que les estás llevando a algún sitio.

Band-re-vent-tantCuando, como ocurrió en el concierto, el oyente se da cuenta de que eso no es así, se pone nervioso. No entiende nada. Se siente perdido. Y el miedo a que esa presentación termine siendo una pérdida de tiempo se hace presente.

Y de nada sirve que la ejecución de la presentación sea impoluta. Por mucho que hayas practicado el texto como para que parezca que lo dices de forma natural y espontánea, por mucho que hayas trabajado tu lenguaje corporal, por muy bonitas y visuales que sean tus diapositivas, si no le das sentido a tu discurso todo eso no va a servir de nada.

Antes de trabajar todos esos detalles, lo primero es asegurar que la arquitectura de tu presentación es la adecuada. Que hay un objetivo bien definido. Pero no un objetivo en relación a ti (conseguir una venta, conseguir una buena nota, etc…) sino un objetivo en relación con tu audiencia.

¿A dónde quieres que lleguen con tu presentación?

Si no lo haces, al igual que le ocurrió a la orquesta, no lograrás dejar un buen sabor de boca por mucho empeño que pongas en todo el resto.

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