No pienses en un elefante rosa

¿Cuántas veces le has dicho a un amigo deprimido una frase del estilo “no pienses más en ello”? Probablemente algunas. ¿Y cuántas de esas veces habrás conseguido realmente que no lo haga? Seguramente ninguna.

elefante rosa

Foto obtenida en www.esquizopedia.com

Este fenómeno se conoce en psicología como la Teoría de los procesos irónicos (Wegner, 1994). No vamos a entrar a fondo en la teoría en este artículo, pero básicamente sostiene que es imposible que alguien no piense en el elefante rosa (por poner un ejemplo) si lo que le pedimos es, precisamente, que no lo haga.

Como hemos dicho en otras ocasiones, las presentaciones nos sirven para conseguir un cambio en nuestra audiencia. Sin embargo, muchas veces se busca el cambio, sin éxito, dicíendole a la gente lo que NO debe hacer. Como si de pedirles que no piensen en un elefante rosa se tratara.

Así que si quieres tener éxito en tu presentación es importante que aprendas a evitar los precesos irónicos para no dificultar el cambio. Fácil de decir, pero…¿Cómo?

¿Cómo puedes facilitar el cambio que buscas en tu audiencia?

El poder de las imágenes mentales

Está probado que entre imaginar hacer una cosa y hacerla no hay tanta diferencia (por lo menos en lo que a la actividad cerebral se refiere). Tal y como explica el blog Cosas del cerebro, imaginar una acción activa las mismas partes de nuestro cerebro que llevarla a cabo, de manera que sirve para mejorar el rendimiento. Artistas y deportistas usan esta metodología para mejorar.

Por lo tanto, tener las imágenes mentales en la cabeza puede ayudarnos a lograr aquello que nos proponemos. Se trata de visualizar lo que queremos.

Como explica Alejandro Britos, los efectos de la visualizar son:

  • Activas tu parte creativa, generando ideas y acciones.
  • Te ayuda a reconocer los recursos necesarios para alcanzar tus objetivos.
  • Construye tu motivación para tomar acción y pasar del pensamiento a la realidad.

Y si funciona con nosotros mismos, ocurre lo mismo con nuestra audiencia.

Si logramos que en su cabeza imaginen aquello que queremos que hagan, habremos aumentado nuestras probabilidades de éxito.

Las imágenes mentales adecuadas

Por lo tanto, la clave del éxito es conseguir que tu audiencia se forme imágenes mentales de aquello que tu quieres que haga. Que se imagine haciéndolo o disfrutando de los beneficios de haberlo hecho.

Y la elección de tus palabras es muy importante en este proceso.

¿Te ha ocurrido alguna vez al conocer a alguien con quien sólo habías hablado por teléfono te sorprendes porque es muy diferente de como te lo habías imaginado? Probablemente, ¿no?

Lo cierto es que cuando sólo escuchamos a alguien (sin poder ver), usamos nuestra imaginación para crear imágenes de quienes nos hablan y de las cosas que cuentan.

Si un amigo te describe su nueva casa, tu vas a dibujar mentalmente la casa a partir de sus palabras. Y el dibujo que hagas será seguramente distinto del que harías si otra persona, con otras palabras, te describiera exactamente la misma casa. Porque las palabras influyen en cómo nos lo imaginamos.

Así que si elegimos bien la forma de hablar, podremos facilitar que la audiencia se forme las imágenes mentales que nos interesan. Es por eso que usar imágenes como soporte visual es tan útil.

No digas lo que no quieres que se imaginen

Recuperemos pues la teoría de los procesos irónicos.

Si uno no puede evitar pensar en aquello que decimos, por mucho que les digamos que no lo hagan, lo que debes hacer en tu presentación es evitar nombrar aquello que no quieres que imaginen.

Pongamos un ejemplo. Compara ambas frases.

“No puedes quedarte sin hacer nada si no quieres seguir pasando hambre”

“Tienes que pasar a la acción si quieres vivir en la abundancia”

La primera está escrita en negativo. Señala aquello que no queremos que haga la audiencia y resalta la situación que se desea cambiar. Es decir, que quien la escuche tiene altas probabilidades de imaginarse parado, sin actuar, y además sin un triste euro para comer.

En cambio, la segunda, está escrita en positivo. Viene a decir lo mismo que la primera, pero resalta aquello que hay que hacer (moverse) y los beneficios de hacerlo. Así que al escucharla, uno se imagina en plena acción y con un buen tren de vida.

Según lo que hemos dicho del poder de visualizar las cosas… ¿Cuál crees que tendrá más opciones de conseguir el cambio?

Evidentemente la segunda, ya que contribuye a visualizar las imágenes mentales adecuadas.

Esa es la clave: Hablar en términos positivos para dejar en la mente justo lo queremos que se quede.

¿Hablas en positivo o en negativo cuando presentas? Gracias por dejar tu comentario.

En el próximo artículo hablaremos sobre las Presentaciones placebo. Si no quieres perdértelo, puedes suscribirte aquí y recibirás los próximos artículos en tu correo electrónico.

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Comentarios

  1. dice

    Igual que dejar de fumar. Cuando piensas en dejarlo, la imagen de “fumar” no desaparece de la mente.

    Las palabras positivas son poderosas. Las negativas también. Sólo las primeras consiguen los resultados que buscamos.

    • Roger Prat dice

      Exactamente Sebastián. Hay que aprovechar el poder que tienen las palabras de generarnos imágenes mentales para elegir aquellas que van a proyectar la imagen de lo que queremos que hagan.

      Gracias por el comentario.

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