Entrena tu lenguaje corporal y luego olvídate de él

El tema del lenguaje corporal es uno de los que me genera mayor confusión.

No pretendo quitarle importancia: la tiene y mucha. Al fin y al cabo, transmitimos mucho más con nuestro cuerpo que con nuestras palabras.

Sin embargo, hay una componente inconsciente tan grande en nuestro lenguaje no verbal que resulta prácticamente imposible controlarlo al 100%. Y el peligro de ello es que, cuando lo intentamos, corremos el riesgo de contradecirnos. Puede que utilices un gesto premeditadamente para transmitir una emoción determinada, pero si el resto del cuerpo, de forma inconsciente, comunica todo lo contrario te van a pillar. Es mucho mejor ser sincero. Ser natural.

Aunque, es verdad que ciertos gestos y muletillas pueden ser molestos. Y es conveniente evitarlos.

Y aquí es donde aparece el dilema:

¿Debemos prestar atención a nuestro lenguaje corporal mientras presentamos?

Actualmente estoy leyendo el libro de Javier Cebreiros, Olvida tu lenguaje corporal. Y hace unos días me topé con una reflexión suya que me aportó un poco de luz a este dilema.

Aprende la técnica

Soy un runner. Correr no me quita el sueño. No me apunto a todas las carreras habidas y por haber. Y tampoco me he planteado hacer maratones. Pero me gusta salir a correr 2 o 3 veces por semana y hacer alguna carrera de vez en cuando.

running

Cuando empecé a correr (la última vez que empecé), mejorar me costó relativamente poco. Con 17 kilos de más y una forma física espantosa, en el momento en que empecé a correr con regularidad mi ritmo de carrera evolucionó notablemente.

Pero luego, llegados a cierto nivel, la evolución se estancó.

Ahora, si quisiera seguir mejorando, ya no podría basarme sólo en coger forma física. Ahora sería necesario depurar mi técnica de carrera.

Cuando uno intenta mejorar la técnica, se encuentra con un montón de consejos sobre cómo balancear correctamente los brazos, cómo hacer una buena pisada, cómo mantener una buena respiración o cómo inclinar correctamente el tronco superior. Sin embargo, si me pongo a correr con esas recomendaciones en la cabeza la cosa no funciona. Porque cuando compito pienso en que estoy compitiendo y en que debo ir un poco más rápido, o en que todavía me quedan 5 kilómetros para la meta, o en que debo dosificar esfuerzos para la subida. Pero no pienso en la técnica.

Ocurre lo mismo en las presentaciones.

Si buscamos consejos sobre lenguaje corporal o nos apuntamos a según qué cursos de oratoria, nos va a inundar con técnicas: las manos fuera de los bolsillos, no jugar con objetos en las manos, hombros levantados, eliminar muletillas y un largo etcétera.

Son tantos los detalles y, sin embargo, al salir a escena tenemos suficiente trabajo pensando qué tenemos que decir como para además prestar atención a todas esas otras cosas. Y si lo hacemos, ocurre algo todavía peor: perdemos la naturalidad.

Entrena la técnica

En el running, la clave es dedicar sesiones de entrenamiento a mejorar de forma consciente la  técnica de correr.

Para ello es necesario ser consciente de los aspectos a mejorar. Va a ser de gran ayuda tener la posibilidad de hacer autoanálisis de tu forma de correr o recibir las recomendaciones de tu entrenador.

A partir de aquí, lo siguiente es hacer sesiones en las que la única misión sea trabajar uno de esos puntos de mejora. Repetirlo una y otra vez, sin la presión de competir, hasta que se asimila el cambio y sale de forma natural.

Nuevamente, este es el sistema propuesto por Javier Cebreiros para comunicar mejor: entrenar el lenguaje corporal para pulir algunos detalles (como por ejemplo las muletillas).

Lo primero debe ser observarte a ti mism@ para detectar esos puntos de mejora. Y acto seguido, practicar poniendo la atención en la ejecución de esos aspectos conflictivos. Repetir, repetir y repetir hasta que se asimila la nueva manera de hacerlo.

Te ayudará grabarte en vídeo cuando practiques o bien entrenar en presencia de algún espectador para poder recibir su feedback.

Olvída la técnica

Después de realizar todo este trabajo en los entrenos, uno termina corriendo con una buena técnica de forma automática. Sin tener que pensar en ello.

De esta manera, durante la carrera, puedes concentrarte en saber cuánto falta para dosificar las fuerzas, o en superar la guerra psicológica con uno mismo para no abandonar a las primeras de cambio.

Y si en algún momento el rendimiento no es bueno, se puede prestar atención de forma puntual a la técnica para verificar que lo estés haciendo bien.

Exactamente igual que en las presentaciones.

Cuando salgas al escenario, olvídate de tu lenguaje corporal y disfruta. Céntrate en lo que les vas a contar y en observar a tu público. Y deja que tus emociones guíen los movimientos de tu cuerpo mientras hablas. El trabajo ya lo habrás hecho en los ensayos.

¿Entrenas tu lenguaje corporal? ¿Cómo lo haces? ¿Qué importancia le das a analizar tu lenguaje no verbal mientras hablas en público? Gracias por dejar un comentario.

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