El secreto para improvisar que sirve también para cuando no improvisas

Desde pequeño siempre me han dado un poco de miedo las alturas. No es muy exagerado, pues practico montañismo desde hace muchos años. Pero cuando me enfrento a pasos un poco aéreos lo paso mal. Este es el motivo por el cual nunca me había atraído la escalada.

Sin embargo, en ocasiones, una excursión plácida que transcurre por sendas de lo más transitables, pueden presentar algún tramo un poco más expuesto. Y no poder completar la cima por culpa de esos escasos metros de dificultad hace mucha rabia.

Así que empecé a practicar escalada para aprender un poco de técnica y no pasarlo tan mal si en alguna ocasión me topaba con uno de esos tramos difíciles.

En el mundo de las presentaciones ocurre lo mismo. Generalmente salimos al escenario con un discurso aprendido. Pero en ocasiones los astros pueden darnos la espalda y podemos vernos obligados a improvisar. Y cuando eso ocurre no podemos resolverlo al estilo Michael Bay.

ImproshowEs por eso que la semana pasada me apunté a un taller de improvisación impartido por Àngel Galán, miembro de la compañía Planeta Impro. Una compañía teatral que, para aquellos que no la conozcáis, se dedica a improvisar un espectáculo sobre el escenario en base a las peticiones que el público realiza en aquel mismo momento. Muy espectacular.

Acudí al curso con la expectativa de obtener respuesta a una pregunta:

¿Qué técnicas puedo utilizar para improvisar mi discurso?

Mis expectativas no se cumplieron. Yo esperaba salir del curso con algunos trucos como los que nos compartió Sebastián Lora en el artículo 4 técnicas para improvisar en público. Sin embargo, salí del taller sin ninguna técnica milagrosa.

Pero aprendí 3 lecciones mucho más importantes que cualquier truco para saber qué decir cuando no tienes nada preparado. 3 lecciones que son fundamentales para improvisar pero que también podemos aplicarlas cuando tenemos el discurso aprendido.

1.- Un error es un regalo

En general nos cuesta digerir nuestros propios errores. Nos han educado de manera que el fallo siempre penaliza, y eso nos mete una presión añadida en cualquier cosa que hacemos. Incluso en el juego.

Precisamente mediante un juego, Àngel nos hizo dar cuenta de eso y nos ayudó a disfrutar de nuestros propios errores. A tomarlos como algo divertido. Y nos dejó el primer titular de la sesión: Un error es un regalo.

Si al salir a escena cometemos algún error no pasa absolutamente nada. Si se nos traba la lengua, si se nos escapa la risa, lo que sea nos va a hacer más humanos. Y eso es lo que la gente quiere de nosotros. A nadie le gusta un ponente que sea perfecto. Lo que queremos es que la persona que nos habla sea como nosotros. Y aceptar los errores y no tratar de esconderlos es una forma de utilizarlos a favor nuestro para acercarnos al público.

Si te tropiezas no intentes hacer ver que no te has tropezado. Eso es patético y el público lo nota. En su lugar, ríete de ello y sigue adelante.

2.- Confía en los demás. Confía en ti mism@

Trabajar la improvisación en grupo te hace darte cuenta de que normalmente queremos controlarlo todo. Lo que hacemos nosotros y lo que hacen los demás. Y cuando actuamos de esta manera es muy difícil conseguir crear algo con cara y ojos, ya que cada uno tiende a ir por libre.

En el taller aprendimos que de lo que se trata es de que quien tiene la primera idea es el que da el primer paso y a partir de ahí, tiene que confiar plenamente en su equipo. Tiene que estar tranquilo de que el resto va a seguir el juego. Es fundamental esa confianza en los demás.

No tener que preocuparte por nadie más que por ti mismo te permitirá sacar lo mejor de ti.

Cuando estamos en una presentación, generalmente no hay nadie más con nosotros. Así que lo que tenemos que practicar es la confianza en uno mismo.

Visualiza antes de salir el resultado que quieres obtener y confía en que puedes lograrlo. Si no confias tu en tu mismo, ¿como quieres que la audiencia confie en ti?

3.- Sé verdader@

El último ejercicio del taller fue una improvisación en toda regla. Por grupos, debíamos simular una situación concreta en la que representábamos a profesionales de un oficio, que elegía el resto de los participantes en ese momento, cuya misión era vender un servicio que nos asignaba Àngel sobre la marcha.

Observando el ejercicio desde el público, se podía detectar dos tipos de personas: las que se notaba mucho que estaban inventando una historia y las que parecía realmente que esa historia fuese la suya.

La diferencia entre unos y otros era que mientras los primeros se limitaban a decir lo que dirían si fuesen realmente esos profesionales, los segundos se entregaban al rol que tenían que representar de tal manera que todo cuanto decían era mucho más verídico.

Ser verdadero y entregarse es algo que debemos hacer cuando salgamos al escenario para hablar en público. Si debes contar una historia que no es la tuya, visualízala antes y entrégate a ella y conseguirás que el público te lo compre porque le parecerá creíble.

¿Qué tal aceptas tus propios errores? ¿Confías en ti mism@ cuando sales a presentar? ¿Te entregas a fondo en tus discursos o los haces desde cierta distancia emocional? Gracias por dejar tu comentario.

Mañana, publicamos un artículo especial desde el que podrás seguir en directo (a partir de las 22:00 hora española) el segundo Hangout sobre las presentaciones del futuro, con Xavier Pirla, Salva López y Sebastián Lora. Si no quieres perdértelo, puedes suscribirte aquí y recibirás los próximos artículos en tu correo electrónico.

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Comentarios

  1. dice

    Una vez escuché a alguien decir: “Hay una diferencia entre improvisar y salir del paso: para improvisar debes estar siempre preparado”. Me parecen excelentes las 3 lecciones y concuerdo con ellas. Personalmente, creo que todo buen discurso lleva en sí algo de improvisación, orientada al público que tenemos delante, para hacerles más cercano el mensaje que queremos transmitir. Lo que deberíamos evitar a toda costa, en mi opinión, es simplemente querer salir del paso, es decir, entregar cualquier mensaje de cualquier forma, sin interesarnos en nuestros oyentes.

    • Roger Prat dice

      Gracias por tu comentario Gerson,

      Efectivamente, improvisar debe tener igualmente una direccionalidad. El objetivo es siempre llevar a la audiencia hacia nuestro mensaje. Lo podemos hacer sabiendo el camino de memoria o improvisando sobre la marcha. Pero en cualquiera de los dos casos será imprescindible conocer cuál es nuestro destino. De lo contrario, improvisar sin destino fijo significa deambular. Y eso no lleva a ninguna parte.

      Saludos,

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