El secreto de las presentaciones contagiosas

El pasado viernes me llegó este vídeo.

Terminé de verlo a carcajadas, contagiado por la risa del protagonista, al igual que les ocurrió al resto de pasajeros.

Lo más curioso del vídeo es que en ningún momento se sabe de qué se está riendo. Y, a pesar de todo, la gente termina riéndose igualmente.

Más allá del contenido

¿Has probado alguna vez de ver un vídeo de una conferencia sin sonido?

Más allá del contenido, las personas transmitimos emociones. Sin volúmen, somos igualmente capaces de captar estados de ánimo en el lenguaje no verbal de los demás.

Por eso es muy importante ser sinceros con nosotros mismos al hablar en público.

Si tratamos de mentir, lo haremos sólo con las palabras, pero nuestras emociones, nuestro estado de ánimo, será real. Y ambos van a ser incongruentes. Si no fingimos, aquello que digamos estará en consonancia con la forma de decirlo.

Las palabras no son contagiosas. Las emociones sí

contagioCuando en una charla se da una incongruencia entre lo que se dice y cómo se dice… ¿qué es lo que prevalece? ¿A qué se le da mayor crédito?

Como muy bien ilustra el vídeo del principio, y tal y como ya comentamos hace unos años al hablar de 3 formas de aprovechar las neuronas espejo de tu audiencia, las emociones son contagiosas (no así las palabras).

Aquello que verdaderamente logra propagarse en los demás es nuestra actitud, nuestra forma de ser, nuestro estado de ánimo.

Cuando sales al escenario y disfrutas, el público disfruta contigo. Cuando sufres, haces sufrir al público. Cuando te entristeces, el público también te sigue. Y si tus palabras están en sintonía con tu lenguaje no verbal, entonces también ellas se transmiten correctamente.

Hace un par de años ya vimos que la sonrisa es la clave para conseguir un público contento y predispuesto a escucharnos atentamente.

No hables sobre sentimientos. Siente lo que hablas

La clave para hacer una presentación contagiosa consiste en no tratar de hablar sobre los sentimientos sin antes sentirlos. Quieres trasmitir alegría, pues primero debes estar alegre. Quieres contagiar optimismo, siéntete primero optimista.

Aquello que va a provocar ese contagio es tu emoción. Así que no pierdas el tiempo hablando de algo sin antes sentirlo en primera persona.

¿Te han contagiado alguna vez en una presentación? Cuéntanoslo en un comentario.

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