El primer paso para superar el miedo a hablar en público

Cuando hace unos meses pregunté a los más de 1250 alumnos de mi Curso de Presentaciones Online Gratuito sobre qué les gustaría que hablase en mi blog, varias personas pidieron que tratara el tema del miedo escénico.

Yo siempre he pensado que, en muchos casos, una buena preparación de la presentación puede reducir mucho los nervios. Sin embargo, cuando hablamos de miedos muy intensos, es necesario acudir en busca de ayuda profesional.

Es por eso que le pedí a Mónica Utrera, que entre otras cosas es formadora de hablar en público y coach (mi coach), que escribiera un artículo respondiendo a una pregunta:

¿Cuál es el primer paso para superar el miedo a hablar en público?

El tan manido pánico o miedo escénico es uno de los primeros parapetos tras los que se amedrentan muchos de los alumnos que se inscriben a mis seminarios y entrenamientos sobre Presentaciones en Público Eficientes. Una de las primeras objeciones que plantean, cuando les explico técnicas para mejorar su oratoria y exposición ante auditorios de diversa índole, es precisamente esta especie de quimera interior que les impide liberar otras aptitudes y poder pasar a marcos de solución más positivos tanto para ellos, como para sus oyentes.

Como su propio nombre indica, hablamos de un ‘miedo’ que invalida o hace muy difícil la introducción de cualquier otro aspecto que podamos señalar para la optimización de su competencia ante el público. Por ello, resulta fundamental “desbloquear” esta traba emocional que, a los que la sufren, les parece insalvable y les estorba para liberar todo aquél potencial que encierran en su interior.

Después de más de 14 años ejerciendo de consultora, docente y coach, brindando ayuda a otros para mejorar sus habilidades relacionadas con presentaciones en público, muy pocos han sido revelados como auténticos casos de pánico escénico. Aunque para los que nos dedicamos a este tipo de menesteres, el tema es un “clásico”, (por la cantidad de apreciaciones y dudas que aportan sobre ello nuestros clientes); te daré una buena noticia: sólo un 2-3% de la población sufre este tipo de miedo que, según los especialistas, es una forma de fobia social incluida entre los llamados trastornos de ansiedad.

Sí es muy común tener cierto temor a plantificarse ante un grupo de personas que no conocemos y por los que nos sentimos observados; sin embargo, eso es muy distinto de lo que se define como pánico escénico. Y es que, como digo, éste es un tipo de trastorno que, además de generar numerosas reacciones fisiológicas y emocionales, por definición, incapacita a la persona para afrontar y exponerse a una determinada situación social. Aquí cobran gran relevancia las palabras y sus significados: cabe ser agudo y observar la diferencia entre ‘incapacidad’ e ‘incomodidad’.

Si tú, efectivamente, te sientes del todo incapaz y, por ejemplo, cuando debes realizar una exposición ante otros, te mareas, desmayas, sufres de diarreas, taquicardias, sudoración copiosa y/o te da la sensación de quedarte sin respiración; definitivamente debes visitar a un especialista del ámbito sanitario que actúe sobre tu caso. De lo contrario, como sucede con cualquier otro aprendizaje que hayamos realizado a lo largo de nuestra vida, con buenas dosis de voluntad y repetición, es más fácil de lo que crees, convertirte en un excepcional orador y, aunque te parezca mentira, llegar a disfrutar de este tipo de situaciones que ahora te resultan desagradables.

Y decir que el simple hecho de saber que no sufro ‘pánico escénico’ como tal, es el primer paso para sentirnos más seguros de nosotros mismos y continuar practicando o reflexionando sobre otro tipo de procedimientos que podamos señalar para mejorar nuestras exposiciones públicas.

De todos modos, si estás leyendo este artículo, puede que sea porque quizá sufres algún tipo de reacción antes o durante una presentación. Así, sabiendo que tu salud psicológica está perfecta, (al menos en este sentido), y sabiendo que no sufres ningún tipo de patología, puede ayudarte hacerte consciente de las siguientes apreciaciones:

1.- Miedo en función de la cultura

Dependiendo de la cultura en la que hayamos crecido, nos resultará más o menos complejo mantener un tipo de comunicación ante una cierta concurrencia de individuos. Por decirlo de algún modo, para, por ejemplo, los que nos hemos criado en el sur de Europa hasta finales del S. XX, la pública, no es el tipo de comunicación o forma de expresión “natural”: no nos han educado para ella o no es para la que venimos preparados “de serie”. No me extenderé exponiendo las causas antropológicas, psicológicas, sociológicas, filosóficas, religiosas y emocionales de este aspecto, (que las tiene); simplemente adelantaré que para nosotros, el tipo de transmisión que resulta “natural”, es individual o en pequeños grupos en los que estamos “a la misma altura”, en los que podemos o no intervenir según lo deseemos, (porque no estamos o no percibimos estar obligados a hacerlo); lugares, en definitiva, en los que no nos sentimos evaluados, observados, etc.

2.- Nos da miedo ser evaluados

Relacionado, en parte, con el punto anterior, diré que, por norma general, “vivimos mal” el hecho de ser evaluados. Muy probablemente esto tiene que ver con qué asociamos en nuestra mente dicha evaluación. Si escudriñamos un poco, veremos que enseguida aparecen conceptos tales como presión, fracaso, etc. Si bajamos otro escalón más en esta misma dirección, cabría analizar cómo entendemos nosotros ese tipo de aspectos. Seguramente lo que encontrarás no es del todo constructivo.

Además, por cómo tenemos anclado en el inconsciente la idea de prestigio y las asociaciones que hacemos sobre este atributo, “no es lo mismo quedar mal ante una persona que ante 10 ó 100”.

3.- Tenemos miedo a sufrir pánico escénico

Este es el tercero de los aspectos sobre los que debemos reflexionar y realizar un autodiagnóstico. A bote pronto, puede parecernos completamente absurdo; sin embargo, es muy común. Lo que le sucede a un gran número de personas es que, aunque no sufran la fobia social que definíamos al principio, sienten temor a sufrirla. Efectivamente es una especie de bucle: nos genera nerviosismo, inquietud, estrés en definitiva, pensar que puede atacarnos el “ogro del pánico escénico”. No es que sean hipocondríacos, (al menos, no de entrada), es sólo que sus temores les conducen a habitar el lugar en el que se alojan sus peores monstruos que, a la sazón, les genera una tensión negativa que se retroalimenta.

En este mismo sentido decir que si tú padeces este tipo de reacción, es probable que estés generando en algún caso, lo que llamamos predicciones autocumplidas y de las que nos ocuparemos en otra ocasión.

Así es que, ánimos y comencemos a pensar que otra realidad en tus presentaciones en público es posible. Por el simple hecho de conocer las causas de nuestros males, entramos en vías de solucionar obteniendo resultados altamente positivos. Habiendo incorporado o tomado conciencia de lo que aquí señalamos, verás que otras técnicas, (que quizás en ocasiones habías probado sin obtener fruto), de pronto, comienzan a cobrar sentido y funcionar.

Y es que comprender los ‘porqués’ es el primer paso. Ya dice el refrán que ‘no se puede empezar la casa por el tejado’: Te reto a que pongas los cimientos para que, en otra publicación, podamos dedicarnos a otras muchas cuestiones de detalle.

_______________________________________________________Mónica Utrera

Mónica Utrera es Licenciada en Filosofía. Doctorando en Filosofía. MBA. Master en Dirección de RRHH. Master en Dirección de Marketing y Publicidad. Master en Formación del Profesorado. Diplomatura en Grafopsicología, grafopatología y test proyectivos gráficos. Advancer Coach (otorgado por R. Boyatzis). Managing Director en Eidos Competencies. Profesora en Esade Business School, Euncet Business School y Aden Business Sccool. Colaborando para diversas compañías desde el año 2000 desarrollando los roles de consultora en HR, docente y executive coach.

Pero por encima de este impresionante currículum, Mónica es una persona que ha sabido ayudarme a quitarme de encima ciertos bloqueos mentales que me impedían seguir avanzando como profesional. Así que no se me ocurre nadie mejor que ella para ayudarnos a superar el bloqueo de hablar en público.

En el próximo artículo veremos todas las preguntas que debes hacer a la organización de la presentación. Si no quieres perdértelo, puedes suscribirte aquí y recibirás los próximos artículos en tu correo electrónico.

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Comentarios

  1. dice

    Pues soy “borderline”, porque en muchas ocasiones me pongo malo del estómago el día antes y durante. Aun así, he aprendido que aprovechar el tiempo, prepararme bien, practicar mucho y predisponerme positivamente, son herramientas imprescindibles para que, a pesar de las reacciones psicológicas adversas, la presentación salga bien.

    • Roger Prat dice

      Sebastián,

      Yo también me pongo de los nervios antes de una presentación. Pero no tengo miedo escénico.

      Creo que es importante distinguir el pánico a plantarse delante de una audiencia, que puede llegar a bloquear al ponente para que no pueda articular palabra, de los nervios generados por querer hacer un trabajo bien hecho y la incertidumbre de saber qué pasará.

      Entiendo que tu caso es el segundo, pues te he visto en acción y bloqueado no sería la palabra ;-) Y cuando los nervios se deben a las ganas de hacerlo bien, prepararse, practicar, predisponerse positivamente, etc… son, como dices, recursos muy útiles para superarlo.

      Gracias por tu comentario.

      Saludos!

  2. dice

    No puedo estar más de acuerdo. ¡Gracias por el post!
    El pánico escénico funciona, además, como la excusa perfecta: le hemos puesto nombre a lo que nos pasa, y además el nombre de una patología: perfecto para no hacer nada al respecto.
    Estar algo o muy nervioso antes de una presentación es más que normal, y aceptar eso como parte del proceso es el primer paso para superarlo.
    Un saludo.

    • Roger Prat dice

      Fermí, gracias por tu comentario.

      Ante cualquier miedo o dificultad, es mucho mejor buscar una excusa para no tener que afrontarlo que luchar para vencerlo. Como tu dices, si podemos claudicar ante el miedo escénico amparándonos en una patología no tendremos que hacerle frente.

      En el fondo, ya no es sólo que tener nervios sea normal sino que creo que es incluso recomendable (en la justa medida). Pues si no los hay es señal de que nos jugamos poco con la presentación. Y si hay poco en juego es probable que ni nosotros pongamos las ganas y la energía necesarias ni el público el interés deseado.

      Saludos!

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