¿Debemos controlar las emociones durante una presentación?

Hace unos días recibí un correo de una lectora, Angélica, quien me hizo un comentario que me llamó la atención.

“…Tengo otro problema y es que cuando pongo algún vídeo que toca la fibra sensible de las personas o digo algo emotivo, me los tengo que mirar mil veces antes de la presentación para que no me afecte, porque la primera que se emociona soy yo, y a pesar de mirarlos y mirarlos y repetir frases no consigo controlar del todo esa emoción. La voz me tiembla, los ojos se empañan de lágrimas… Uffff! que mal lo paso para continuar. Me gusta que se emocionen pero yo debo mantenerme cercana pero intacta. ¿Cómo resuelvo esto?”

Ponente emocionado

Personalmente, ya me gustaría tener el “problema” que tiene Angélica.

La gran mayoría de las presentaciones carecen de sentimiento alguno. Los ponentes tratan los temas desde la más absoluta frialdad. Datos, evidencias, pruebas, estadísticas… pero muy pocos recurren a su parte emocional.

Para mi, emocionarse durante una presentación no tiene nada de malo. Incluso me atrevería a decir que es bueno emocionarse (siempre que ello no te impida proseguir con tu discurso). Pero incluso si requiere por tu parte una breve pausa para recomponerse, puede ser muy bueno.

Eso sí, debe ser sincero.

El poder de ser vulnerable

Existe la falsa creencia que un ponente debe mantenerse siempre entero e inalterable durante su discurso. Que hacer eso significa una mayor profesionalidad. Así que muchos ponentes tratan de despojarse de todo sentimiento y preparan unos discursos fríos.

El hecho de emocionarse durante una presentación lo que denota es cierto grado de vulnerabilidad. En cierto modo es una declaración pública de que hay cosas que nos afectan como persona.

Mostrarse vulnerable es una de las mejores formas de empatizar con el público.

Ellos también son vulnerables. Así que van a poder ponerse en tu lugar. Y eso te va a hacer mucho más cercano a ellos. En consecuencia, tu credibilidad y tu poder de influencia va a aumentar.

Ya hablamos en su día de que los superhéroes son seres muy admirados, pero que por su condición de perfectos crean una distancia demasiado grande con el resto de mortales. Lo que nos dicen creemos que sólo vale para ellos.

Creer en lo que uno dice

Además, emocionarse en público al hablar de algo es un claro síntoma de creer firmemente en lo que se está diciendo. Hablar de sufrimiento y dar señales de estar sufriendo (repito, debe ser sincero) es una forma de reforzar el mensaje y decirle indirectamente a la audiencia, que eso que decimos es verdad.

Como decía al principio, a mi me gustaría poder ser así. Sin embargo, expresar emociones en el escenario es algo en lo que todavía tengo mucho margen de mejora.

Te dejo dos ejemplos de emocionarse en público.

El primero corresponde a una TED Talk de la Dra. Jill Bolte Taylor en la cual habla de una vivencia personal. al principio lo hace con ciertos toques de humor. Sin embargo, llegado a un punto de la historia, se puede apreciar cómo se emociona.

El segundo ejemplo corresponde a una actuación del concurso X Factor, en la que Jillian Jensen interpreta de forma brillante una canción con lágrimas en los ojos.

En resumen: yo creo que hay ciertas emociones que, si dejamos que salgan durante nuestra charla, pueden ayudarnos a hacer una mejor presentación. Así que, para mi, lo que le sucede a Angélica no es un problema, sino una virtud que debería aprovechar en su favor.

¿Crees que las emociones deben esconderse cuando hablamos en público? ¿O crees que mostrarse emocional puede ayudarnos a comunicar mejor? Gracias por dejar tu comentario.

Y si, como Angélica, queréis que escriba sobre algo que os supone una dificultad a la hora de presentar o simplemente queréis saber más sobre ello sólo tenéis que mandarme un correo.

 

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Comentarios

  1. dice

    Creo que la clave está en algo que escribiste en el artículo: que nos permita proseguir con nuestra ponencia. Yo estoy totalmente de acuerdo con mostrar emociones en nuestras presentaciones, pero como bien aclaras, que sean sinceras.
    Si queremos “embaucar” a nuestra audiencia con afectaciones falsificadas, puede ser que nos resulte por un corto tiempo, pero todos nos damos cuenta cuando algo ya es solo un show de emociones y no una vivencia.
    Excelente artículo.

    • Roger Prat dice

      Gracias por el comentario, Gerson

      Totalmente de acuerdo. Intentar falsificar los sentimientos es altamente arriesgado. O bien consigues una interpretación digna de un Oscar, algo poco frecuente, o lo más habitual es que se te vea el plumero y pierdas toda tu credibilidad.

      Saludos!

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