¿Cómo podemos evitar quedarnos completamente en blanco en una presentación? El caso Michael Bay

Michael Bay

Supongo que a estas alturas muchos ya estáis al corriente del esperpéntico ridículo que hizo Michael Bay, el director de cine autor de grandes títulos como La Roca, Armaguedón o Transformers, cuando acudió el pasado 6 de enero como gran ponente invitado en la conferencia Consumer Electronics Show (CES) de Samsung.

Al cabo de pocos segundos de empezar y tras pronunciar un par de enérgicas frases, el prompter dejó de funcionar y el Sr. Bay se quedó en blanco. El maestro de ceremonias del evento intentó ayudarle lanzándole alguna pregunta, pero tras unos instantes en los que intentó reemprender su discurso, se fué del escenario visiblemente abatido con un “lo siento”.

Tras ver el incidente, en mi mente resonó una pregunta: ¿Cómo puede ser? ¿Cómo puede alguien quedarse tan en blanco que le sea totalmente imposible seguir adelante improvisando un poco su discurso?

Al cabo de un rato de barajar diversas opciones, me surgió otra pregunta mucho más relevante:

¿Cómo podemos evitar quedarnos completamente en blanco en una presentación?

Debes estar al corriente

Sin ninguna duda, para mi, la hipótesis más probable para explicar lo que le ocurrió al Sr. Bay es que él no intervino en ningún momento en la preparación de su discurso y se limitó únicamente a leer lo que alguien le había preparado (hasta que se estropeó el prompter). Se por experiencia que muchos directivos de empresas actúan del mismo modo (yo mismo he preparado presentaciones para algunos de ellos sin que estos hayan estado presentes en todo el proceso).

Estoy de acuerdo que hay ciertos aspectos que un presentador podría llegar a delegar (aunque personalmente prefiero  prepararme yo mis propias presentaciones). Pero uno debe estar siempre al corriente de cuanto se hace y del por qué se hace de esa manera.

Es como si alguien que quiere seducir a una chica o un chico, le pidiese a un tercero que le organice una cena romántica en algún lugar y luego le programe el destino en el GPS de su coche. No debe haber ningún problema mientras el GPS funcione correctamente. Pero si el GPS falla, el conductor no tendrá ni idea de hacia dónde se dirige. Por lo tanto, deberá abandonar su propósito del mismo modo en que el Sr. Bay abandonó el escenario.

Concretamente hay dos cosas que debes conocer muy bien de tu presentación antes de salir a la palestra.

1.- Cuáles son tu objetivo y el mensaje de tu presentación.

Tener claro a qué restaurante quieres llevar al chico o a la chica a la que quieres seducir es fundamental. Así como lo es tener claro cuál es tu propósito para esa cita. Si sabes hacia dónde vas podrás buscar maneras alternativas al GPS de llegar a puesto. Si desconoces cuál es tu destino, nadie ni nada podrá guiarte hacia él.

Del mismo modo, si no sabes cuál es el propósito de tu presentación ni cuál es la idea fundamental que les debes transmitir, será mucho más difícil orientarse y recuperar la senda si por cualquier razón llegaras a perderte.

2.- Cómo está estructurado tu discurso

Hay otra cosa que te ayudará un montón a llegar a tu destino: tener más o menos clara la ruta.

No es necesario sabérsela al dedillo y con todo lujo de detalles, pero sí tener claros los puntos más importantes que te permitirán acercarte a tu objetivo.

Interiorizar la estructura de una presentación te permitirá seguir la ruta prevista. Y aunque en algún momento puedas perder el camino principal, tener claros los hitos en los que debes fijarte te permitirá regresar al camino enseguida.

Teniendo claras estas dos cosas, uno puede salir a un escenario y sobreponerse a un lapsus como el del Sr. Bay, ya que aunque no sepa las palabras exactas que debe pronunciar, sí sabe hacia dónde debe dirigir su discurso. Y de un modo u otro, con mayor o menor fortuna, sufriendo más o menos, conseguirá llegar a su destino o por lo menos acercarse mucho a él.

Pero si alguien comete el error de pensar que pudiendo tener todo escrito no hace falta estar enterado de nada y que podemos delegar completamente la preparación de la presentación a otro, que se acuerde del Sr. Bay y se pregunte si le gustaría encontrarse en es misma situación.

¿Te has quedado alguna vez en blanco? ¿Pudiste finalizar tu discurso? ¿Como público, que crees que sentirías si el ponente abandonara el escenario como lo hizo el Sr. Bay? Gracias por dejar tu comentario.

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Comentarios

    • Roger Prat dice

      Así es, Sebastián, la combinación de la falta de preparación con la falta de humildad es casi más letal que la del alcohol con el volante. Y tendrías que ver el tono del comentario que hizo en su blog al respecto (ni una triste disculpa).

      Gracias por el enlace.

      Saludos,

      Roger

  1. dice

    Pues sí, vergonozoso y triste, y nos dice que “no todo lo que brilla es oro” y que el fulano ese :
    1) No le dedicó a la actividad más que el tiempo de desplazarse hasta el lugar, y, arrogantemente, estuvo pensando en otras cosas todo el camino.
    2) Es tan orgulloso y estúpido que el hecho de “fallar” en la imagen que ha construido de sí mismo fue insoportable. El público no le importó tanto como su autoconstruida imagen.
    A mí me pasó, no en una conferencia o algo así, pero sí en el teatro, en plena obra universitaria. Se me fue todo. Me “soplaban” pedacitos de mi texto pero no los oía. Fue horrible, me mantuve diciendo cosas tontas como “así es, pues”, “sí….como le acabo de decir” hasta que decidí saltarme ese pedazo y avanzar hasta lo próximo que recordaba. Me soplé como una página entera de diálogos pero pudimos continuar desde ahí.
    Recomendaciones:
    1) Sal del paso haciendo una pregunta que le de la palabra a otro. “¿Puedes creer que……?” Eso te da unos segundos para pensar y reubicarte.
    2) Mantener la calma es la base de volver al ruedo. Si la ansiedad te domina nunca podrás recordar lo que perdiste, pues la serenidad es la clave.
    3) Echa mano de una historia. Puedes dirigirte al público y decir algo como: “Quiero hacer un paréntesis y contarles algo que me sucedió…” probablemente cuando te sientas cómodo nuevamente puedas retomar en el punto en que te quedaste o en un nuevo inicio.

    • Roger Prat dice

      Gracias por tu comentario, Luzma

      Las medidas que propones me parecen muy interesantes.

      En mi opinión, el Sr. Bay podría haber resuelto el tema con un poco más de clase. Por ejemplo, admitiendo que se había quedado en blanco y que no recordaba lo que quería decir, de modo que cedía la palabra al público para que le preguntaran lo que quisieran. Es difícil quedarse en blanco respondiendo una pregunta.

  2. dice

    Pobre Bay, cuánta caña le dais. :)

    Sí, hizo el ridículo pero a mi me dio más pena que vergüenza. Es un mal momento – uno de los peores para un orador- y el nerviosismo le pudo e hizo lo peor. Irse.

    Creo que fue fruto de la presión que se auto-impuso y mira que tuvo una salida fácil ya que el presentador ayudó con una pregunta para salir del mal trago.

    Dos ideas para salir de un atolladero así son:

    1. Repetir la última frase que dijiste. A veces, al hacerlo, tu mente retoma el hilo como por arte de magia.
    2. Improvisar. Si sabes de qué hablas no te debería ser difícil decir algunas cosas relacionadas con el tema y, mientras lo haces, en algún momento retomarás el hilo.

    Pero lo mejor de todo es, como dices, haber participado en el proceso de creación. Sin eso, es más fácil que el nerviosismo te ataque.

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