¿Cómo evitar el ruido durante nuestras presentaciones?

Es evidente que a todos nos gusta tener a nuestra audiencia en silencio mientras nosotros presentamos para que ningún tipo de ruido perturbe nuestra concentración y rompa nuestro discurso. Todos estamos de acuerdo en que el ruido procedente del público y de agentes externos nos molesta.  Pero… ¿Y el ruido que emitimos nosotros como oradores? ¿Puede éste molestar a nuestros oyentes?

Alguien podría pensar que no se puede considerar ruido a nuestra ponencia porque el sonido es intrínseco a la definición de discurso. Incluso llegando a aceptarlo como ruido, ¿cómo va a molestar a un oyente que el ponente hable si ha venido justo para oirle?

Siguiendo los sabios consejos de Carles Caño en Presentástico, vamos a definir primero qué entendemos por ruido antes de proseguir con la explicación.

El ruido al que me refiero en este artículo es el mismo concepto que se utiliza en el mundo de la fotografía (sobre el cual escribí un artículo en el blog de Albert Almeyda) o en el campo de la electrónica. En esos ámbitos, ruido es todo aquello que no contribuye directamente a la transmisión del mensaje o señal. Esta definición, aplicada a las presentaciones, no se limita únicamente al aspecto auditivo, sino que podemos estar haciendo ruido mediante el canal visual, por ejemplo.

¿Cómo podemos evitar este ruido que emitimos durante nuestras presentaciones?

EVITANDO EL RUIDO AUDITIVO

Producimos ruido audible cuando pronunciamos palabras o sonidos innecesarios para la correcta emisión de nuestro mensaje.

Exceso de información

La forma más habitual de generar este tipo de ruido es abusando de un exceso de información. En lugar de decir lo justo para que nuestro mensaje llegue nítido y preciso, lo adornamos con informaciones paralelas para dar una impresión de saber mucho. Porque nos da la sensación que si lo decimos de forma concisa van a pensar que no sabemos qué decir. Y en realidad, a todos nos encanta que no nos hagan perder el tiempo contando cosas que no nos interesan.

La regla número uno es aplicar el principio de Simplicidad. Es saber reducir nuestra charla únicamente a aquello que nuestra audiencia ha venido a escuchar. Es desprenderse de ese cariño y apego que le cogemos a las cosas cuando les dedicamos tiempo y saber descartarlas cuando éstas no contribuyan a aquello que queremos transmitir.

Falta de preparación y respiración

Otra forma usual de generar ruido auditivo es mediante el uso de las malditas muletillas. Esas palabras sueltas que responden a nuestra necesidad de llenar el silencio para ganar tiempo para pensar en lo siguiente que vamos a decir.

Aunque parezca una obviedad, la mejor manera de evitarlo es sabiendo qué es lo próximo que vamos a decir. O, en otras palabras, preparando bien nuestra presentación. La aparición de muletillas acostumbra a ser sinónimo de improvisación y nerviosismo. Cuanto más aprendido tengamos el guión de nuestra presentación, menos espacio dejamos para que tenga lugar la improvisación.

Pero, si con todo esto, hay momentos en los que debemos pensar qué es lo próximo que toca decir, es mucho mejor hacerlo con una pausa (que a nosotros se nos hará eterna pero que en realidad no se percibe como tal) que llenar el silencio con un “¿no?”, un “¿vale?” o un “¿eh?”.

EVITANDO EL RUIDO VISUAL

Producimos ruido visual cuando los elementos visuales de nuestra presentación no contribuyen a la emisión de nuestro mensaje.

Elementos sobrantes en las slides

La forma más habitual de generar ruido visual es mediante la incorporación de elementos estériles en nuestras slides. En otras palabras, elementos que no aportan absolutamente nada al mensaje y que, por lo tanto, son completamente prescindibles.

El logo de la empresa en cada diapositiva, un fondo corporativo, abuso de elementos decorativos, duplicar el contenido de la charla escribiendo en la slide lo mismo que se va a decir de palabra, imágenes en contradicción con nuestro discurso, texto tan pequeño que es imposible leerlo, el número de página en cada slide, abuso de las animaciones (en especial el efecto de animaciones aleatorias), y un largo etcétera.

En general se tiene la creencia que una slide con mucho espacio en blanco es una diapositiva que demuestra falta de conocimiento sobre un tema. Pero en verdad es todo lo contrario. Aquel que es capaz de resumir algo extenso en una única frase o en una imagen demuestra conocer lo suficiente el tema como para poder sintetizar aquello que es más importante.

Soporte visual innecesario

A veces, incluso sobra por completo todo el material de soporte. Por ejemplo cuando empezamos a contar una historia. Salvo que utilicemos un fondo como decorado o que empleemos atrezzo en nuestra escenificación, al contar una historia o una anécdota no necesitamos ningún tipo de complemento o soporte a nuestra narración.

Lo aconsejable en estos casos es utilizar las dos teclas fundamentales de PowerPoint – B y N – para dejar la pantalla en blanco o en negro respectivamente y hacer, de este modo, que todas las miradas se dirijan hacia nosotros y nuestra historia.

Evítales la tentación de mirar hacia donde no deben.

Ruido corporal

Hace un par de meses, en una jornada de conferencias que no pasarán a la historia, uno de los ponentes estuvo toda su presentación mostrando signos evidentes de pánico escénico (sequedad en la boca, temblor de manos, sudoración, etc…). En eso nos fijamos todos, a juzgar por los comentarios que me crucé con otros oyentes en el descanso. Sin embargo se me hace imposible recordar sobre qué habló.

No cuidar el lenguaje corporal puede convertirse en un obstáculo para conseguir captar la atención del público en el sentido en el que a nosotros nos interesa. Nuestro lenguaje corporal puede convertirse en un ruido muy potente que desvíe el interés de la audiencia de nuestras palabras hacia nuestros gestos y posturas.

RELACIÓN SEÑAL/RUIDO

Evidentemente es muy difícil eliminar por completo el ruido que emitimos. Así que el objetivo realista no debe ser ruido cero sino conseguir una relación señal/ruido lo más alta posible. Dicho en otras palabras,  que la proporción de elementos que generan señal (que contribuyen a nuestro mensaje) en relación con la de los elementos que generan ruido (los que no contribuyen a ello) sea tan grande como podamos.

Muy probablemente, reduciendo nuestro ruido, vamos a contribuir a una mejora en la focalización de la atención de nuestra audiencia. Y al estar ésta más atenta, se reducirá también el ruido que proviene del público. Así que si quieres evitar el ruido, empieza por reducir el que tú emites.

Entradas Relacionadas:

Comentarios

Trackbacks

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *