Capas argumentales: el método para ajustarse al tiempo en nuestras presentaciones

Manuel Antolín (@Magantolin8), a raíz de mi último artículo en el que os preguntaba sobre qué tema os gustaría que escribiese, me ha pedido que hable un poco del número de diapositivas que debemos poner en nuestras presentaciones (en función del tiempo) y de cómo podemos lograr ajustarnos al tiempo de que disponemos para presentar.

No hay consenso sobre el tiempo que implica una slide y nunca lo va a haber. La razón es muy simple: como ya hemos dicho otras veces, una diapositiva no está hecha para ser leída durante la presentación sino que sólo sirve de apoyo visual a nuestro discurso. Por lo tanto, lo que dictamina la duración de una slide es el tiempo que nos pasamos hablando sobre ella (y eso es completamente variable en función del estilo de cada ponente).

En varios blogs se estima en unos 2 minutos el tiempo que permanecemos en cada transparencia, lo que ofrece una forma de cálculo del número de slides en función del tiempo disponible. Sin embargo, este sistema no tiene ningún tipo de fiabilidad. Pero puede servirnos a modo orientativo.

En realidad, lo importante es ajustarse al tiempo estipulado utilizando una slide para cada idea. El número total de diapositivas resultante de ello es lo de menos.

Si el número de slides no nos sirve para ajustarnos al tiempo, ¿existe algún otro método que nos permita hacerlo?

 Cuando empecé a ir a la montaña, me vestía en manga corta para evitar el calor durante las caminatas, y me llevaba en la mochila un anorak para protegerme del frío nocturno. Sin embargo, había muchos momentos durante el día en que la temperatura no era ni tan cálida como para ir en manga corta ni tan fría como para llevar el anorak. Así que siempre me sobraba ropa o me faltaba. Entonces empecé a sustituir el anorak por prendas más ligeras (una camiseta de manga larga, un pequeño jersey de verano, un polar…) que, todas juntas, equivalían al anorak pero que me permitían ir regulando mi protección acorde a la temperatura del momento.

 

Foto obtenida de la página Aristasur

Esta técnica de las capas es igualmente válida para nuestras presentaciones.

Trabajar por capas argumentales nos da la posibilidad de ir ampliando nuestro discurso acorde con el tiempo disponible de manera homogénea (de modo que no haya aspectos sobre los que se profundiza mucho y otros que se pasan muy por encima).

¿Cómo funcionan las Capas Argumentales?

Vamos a suponer que debemos hacer una charla en la que defendemos que “Para ir por ciudad, una moto es mejor que un coche”.

En la primera capa argumental vamos a situar los tres grandes argumentos de peso: “Se evita el tráfico”, “Es más fácil de aparcar” y “Es más barato”.

 

Este primer esquema serviría para una charla corta de 5 minutos, por ejemplo.

Si queremos alargar la charla, sólo debemos añadir una nueva capa argumental, consistente en nuevas ideas que expliquen los argumentos de la capa anterior (tal y como muestra el segundo esquema).

 

Para aumentar la duración todavía más, sólo es necesario ir añadiendo capas. De este modo, el grado de profundidad es homogéneo para cada uno de los argumentos.

El método de las Capas Argumentales presenta tres grandes ventajas:

  1. Permite ampliar la información en pequeñas dosis
  2. Sirve para equilibrar el contenido de la charla
  3. Nos ayuda a adaptar una misma presentación a distintas duraciones

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