4 lecciones sobre presentaciones de la literatura infantil

Sin ningún tipo de duda, la audiencia más difícil a la que me he tenido que enfrentar ha sido mi hijo, que pronto va a cumplir 3 años.

Los públicos adultos han sido educados para cumplir ciertas normas de conducta en este tipo de situaciones: no está bien visto levantarse a media charla y marcharse, si a uno no le interesa lo que se está contando permanece en su asiento y se distrae con el móvil o cualquier otra cosa pero sin molestar, no es de buena educación interrumpir al ponente para pedirle que se calle porque el tema no interesa, etc…

Eso hace que para el orador la experiencia no sea traumática, aun cuando no consigue captar la atención del público.

Sin embargo, los niños pequeños no han sido adoctrinados todavía con esas normas de convivencia y, por lo tanto, son de lo más sincero que hay. Y, en consecuencia, son muy exigentes. Si no les interesa lo que les estás contando se largan, o te lo dicen a la cara. Así que en su caso es crítico conseguir captar su atención todo el rato.

Después de largas batallas con mi hijo, creo haber descubierto el arma secreta: los cuentos. Cuando he sido capaz de esconder mi mensaje dentro de una historia, he logrado retener su atención hasta conseguir el propósito de mi discurso. Una vez más las historias, el storytelling infantil en este caso, hace muestra de su poder.

¿Qué podemos aprender de los cuentos infantiles para nuestras presentaciones?

1.- No olvides la moraleja

Prácticamente todos los cuentos tienen una moraleja que esconde unos valores; Los tres cerditos la cultura del esfuerzo; Caperucita roja la obediencia, El pastorcillo mentiroso la sinceridad, La liebre y la tortuga la humildad…

El objetivo de esa moraleja es que el niño aprenda esos valores a través del cuento. Que a partir de algo lúdico y entretenido como una historia el niño sea capaz de retener un mensaje fundamental para su desarrollo como persona.

Del mismo modo que un cuento sin moraleja pierde todo su poder, una presentación sin mensaje se convierte únicamente en una forma de pasar el rato.

Así que no debemos olvidarnos nunca del mensaje. Dotemos a nuestra presentación de un mensaje efectivo y conseguiremos que, además de pasar un buen rato, nuestra audiencia cumpla el propósito de nuestro discurso.

2.- Utiliza un lenguaje llano y fácilmente comprensible

¿Alguien conoce el cuento del lepórido y el quelonio? Estoy casi convencido de que sí, aunque probablemente no con ese nombre sino como “La liebre y la tortuga”.

Es evidente que, aunque técnicamente las liebres sean lepóridos y las tortugas sean quelonios, ese nombre científico no se utiliza en los cuentos porque los niños no los comprenderían.

En todos los ámbitos existe una jerga propia de difícil comprensión para el resto de los mortales. Ese vocabulario elitista es muy tentador porque es una forma de demostrar nuestros conocimientos, de impresionar a nuestra audiencia. Sin embargo, son bastante perjudiciales para nuestra comunicación.

Abusar  de ellos sólo va a perjudicar al nivel de atención de nuestros oyentes. Cuanta más complejidad lingüística, más probabilidad de perderlos.

Haz como en los cuentos y utiliza el lenguaje más llano posible para que te entiendan. No olvides que ese es el verdadero propósito de tu presentación.

3.- Ve directo al grano

Seguramente, la Caperucita Roja, el fatídico día en que llevó la cesta de comida a su abuelita hizo muchas otras cosas; se despertaría, tomaría su desayuno, se ducharía y se vestiría con su magnífica capucha roja, igual tendría algo que estudiar y probablemente jugaría un poco antes de que su madre le pidiera el inoportuno favor. Sin embargo, el cuento no dice nada al respecto. ¿Por qué?

Porque nada de lo que hizo, salvo llevar la cesta a su abuela, es relevante para contar la historia y llegar a la moraleja.

Todos hacemos montones de cosas de las que nos sentimos orgullosos y a las que consideramos sumamente importantes. Como ya hemos visto en otros artículos, les cogemos cariño. Pero al igual que ocurre en los cuentos, no todo cuanto hacemos o hemos hecho tienen una relación directa con el mensaje que queremos transmitir, por mucha estima que le tengamos. Por lo tanto, no debemos incluirlo todo.

Selecciona sólo aquello que contribuye a tu mensaje. Ve directo al grano. Te ofrezco  3 pasos para saber qué información incluir en tus presentaciones.

4.- No pierdas el hilo

¿Te imaginas qué pasaría si le contara a mi hijo su cuento favorito – Los tres cerditos – de la siguiente manera?

Buenas noches, hijo. El cuento de esta noche tiene por objetivo trabajar el concepto del esfuerzo como garantía de éxito. En primer lugar vamos a ponernos en situación contando el reto que se les plantea: construir una casa. Después veremos cómo construye la casa cada uno de los cerditos. Seguidamente veremos como el lobo consigue derribar dos de esas casas y cómo sólo una resiste. Y finalmente veremos que el esfuerzo tiene su recompensa a medio-largo plazo.

Empecemos. Primera parte:…

¿Cuántos segundos crees que lograría tenerlo atento?

Evidentemente, un cuento con una estructura de este estilo está condenado al fracaso. Los cuentos y las historias en general se caracterizan por mantener un hilo argumental continuo. Un hilo que no puede romperse. Cuando el hilo es continuo es imposible perderse al ir de un extremo al otro. En cambio, si el hilo se rompe, lo habitual es no poder retomarlo para terminar el recorrido.

Las presentaciones no son diferentes de los cuentos en este aspecto. Una buena presentación debe contener un hilo argumental ininterrumpido que guíe al oyente durante todo nuestro discurso y lo conduzca hasta el punto culminante de nuestra presentación: el mensaje.

Así que procura dotar tus presentaciones de la linealidad argumental que necesita para mantener la atención de la audiencia. No pierdas el hilo.

Cuando vayas a preparar tu próxima presentación, aplícate el cuento.

¿Necesitas ayuda? Puedes contactar con nosotros. Podemos ayudarte.

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Comentarios

    • Roger Prat dice

      Cierto, Fernando. Y es una lástima, porque son momentos mágicos para compartir con nuestros hijos. Y una magnífica oportunidad para practicar el storytelling ;-)

      Saludos,

      Roger

  1. dice

    En el fondo, y sin pretender menospreciar la capacidad de nadie, la manera más fácil de lograr que la gente nos comprenda es hablándole casi como si fueran niños. De forma clara, sin rodeos y teniendo siempre en cuenta que, como nos descuidemos, perderemos su atención en un instante.

    • Roger Prat dice

      Pero muchas veces, por la falsa creencia que explicar algo muy llanamente transmite falta de conocimiento sobre el tema, o falta de “glamour”, o vete tú a saber qué otras carencias, nos empecinamos en complicar la explicación hasta extremos insospechados. Le damos más importancia a parecer expertos que a hacernos entender.

      Saludos,

      Roger

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