4 errores que no puedes cometer cuando te hacen una pregunta

Aunque no tiene por qué ser lo habitual, lo cierto es que en más de una ocasión podemos tener a más de un enemigo entre la audiencia. O sencillamente el mensaje que vamos a comunicar puede que la perjudique.

Por eso, cuando llega el turno de preguntas y respuestas, podemos encontrarnos con preguntas malintencionadas cuyo objetivo no sea aclarar una duda sino ponernos en un compromiso o hacernos quedar en evidencia.

Cómo las respondamos es crítico, ya que puede echar a perder todo el trabajo previo hecho con la presentación.

Acostumbran a ser, por lo tanto, momentos de alta tensión para el presentador. Y los nervios nos pueden hacer cometer errores fatales para nuestra reputación y credibilidad.

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Foto obtenida en curiosidades.batanga.com

La credibilidad en juego

Hacer bien la presentación es muy importante. Espero que después de 3 años escribiendo sobre ello no te quede ninguna duda al respecto ;-)

Pero en el fondo, una presentación es un discurso preparado. En cambio, las preguntas te obligan a improvisar. Y es cuando improvisas cuando se demuestra realmente tu grado de dominio del tema y tu credibilidad.

Puedes llevar tu discurso muy bien aprendido pero si cuando te hacen una pregunta no sabes responderla adecuadamente vas a quedar en entredicho.

Y que conste que responder adecuadamente no significa forzosamente tener que saber la respuesta a la pregunta. Pero para que nuestra credibilidad quede intacta debemos evitar ciertos errores.

En este artículo voy a hablarte de cuatro de ellos, y me voy a apoyar en ejemplos reales del mundo de la política. Un mundo, la política, caracterizado por una presión enorme hacia los políticos que acostumbran a recibir preguntas con muy mala leche.

Por eso los políticos son gente entrenada en salir airosamente de este tipo de preguntas, aunque a veces, cierta relajación (por ejemplo la que te ofrece tener mayoría absoluta) acaba siendo traicionera.

Veamos los 4 errores

1.- Impedir la pregunta

Hace poco, un periodista hizo una pregunta incómoda a la Sra. María Dolores de Cospedal mientras ésta paseaba por la calle. Lo que ocurrió es que miembros de su equipo impidieron y apartaron al periodista para que no puediera seguir insistiendo en el tema, mientras la Sra. de Cospedal ignoraba por completo la situación con un comentario del estilo “hoy hace muy buen día”.

Por desgracia no es un hecho aislado. Y no es solo la Sra. Cospedal quien lo practica.

A veces, puede interesarnos ganar algo de tiempo para preparar bien la respuesta. Pero impedir o callar a alguien que quiere preguntar, sin más, es un acto muy descortés y poco elegante.

Como presentador, será mucho más caballeroso alegar que en ese momento esa pregunta no procede pero emplazar a la persona que formuló la pregunta a reunirse contigo más tarde para darle una respuesta.

2.- Ignorar la pregunta

El segundo ejemplo es una “intervención” del Presidente Mariano Rajoy que, después de encontrarse delante de toda la prensa esperando una explicación ante los micros, ésta ve incrédula como el Sr. Rajoy se gira y se va sin decir palabra.

Ignorar a alguien que te formula una pregunta en una presentación como si tal pregunta no hubiera existido es un grave error y una falta de respeto para el que pregunta.

De nuevo, es mucho más elegante excusarse por no poder responder y emplazar a la persona a responder en privado o incluso a publicar la respuesta para que todos los demás tengan también acceso a ella.

3.- Leer la respuesta

Otro ejemplo muy reciente lo tenemos en una intervención del Ministro de defensa español, el Sr. Pedro Moranés, respondiendo a una pregunta de una diputada de UPyD sobre el caso de los abusos sexuales en el ejército español. El Sr. Moranés responde a la diputada leyendo una respuesta prefabricada de un papel.

Leer una respuesta de un papel es, seguramente, una de la formas más rápidas de cargarte tu reputación. Demuestras tener muy pocas tablas y dominar muy poco el tema, y además pones de manifiesto que, probablemente esa repuesta no la hayas escrito tú.

Por mucho que tu anticipes que pueden preguntarte eso, lo último que debes hacer es leer una respuesta preparada. Puedes apoyarte en datos y cifras que traigas contigo en un papel, pero la respuesta tiene que parecer tan espontánea como la pregunta.

4.- Atacar al que pregunta

Finalmente, un ejemplo del Sr. Francisco Vidal, Ministro de defensa chileno, que tras recibir una pregunta de un periodista le responde con un ataque directo para desprestigiar al reportero (sin responder, de paso, la pregunta).

Por mucho que una pregunta tenga muy mala leche, lo último que debes hacer como presentador es ponerte al nivel de su pregunta.

Si le sigues el juego y eres tan desagradable como él en tu respuesta, quien va quedar en entredicho por el resto de la audiencia vas a ser tú. En cambio, si das una respuesta correcta y elegante, quien quedará en evidencia ante el resto de oyentes será el que preguntó.

¿Alguna vez has vivido alguno de estos errores en una presentación, ya sea como presentador, como preguntador o como parte de la audiencia? Gracias por compartir tu experiencia con nosotros.

En el próximo artículo mucho más. Si no quieres perdértelo, puedes suscribirte aquí y recibirás los próximos artículos en tu correo electrónico.

 

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