4 errores monstruosos que harán que tus presentaciones den miedo

Hay presentaciones tan malas, que aquellos que las han sufrido como audiencia crucifican al presentador de por vida. Dicho en otras palabras, cada vez que ese ponente vuelva a hacer una conferencia, van a sentir escalofríos y harán todo lo posible para salir corriendo sin tener que escucharle de nuevo.

Coincidiendo con Halloween hoy quiero hablarte de 4 errores monstruosos que, si los cometes, van a hacer que tus presentaciones den miedo.

drácula

1.- Pasar de la audiencia

La causa más común de pánico entre los oyentes de tu presentación es tener la percepción que se han equivocado de lugar. Es tener la sensación de que lo que le estás contando en realidad no va para ellos. Porque cuando sienten tal cosa quedan presos del pánico: están perdiendo el tiempo.

La solución a este problema es conseguir explicar las cosas de forma que tus oyentes sientan que aquello que les vas a contar les importa o les interesa.

Y para ello, necesariamente vas a necesitar detenerte y pensar en quién vas a tener delante. En cuáles son sus inquietudes. En cuáles son sus miedos. En cuál es la forma en que les gusta recibir la información. Y, en definitiva, en cuántas más cosas mejor.

No pases de ellos. No cometas el error de creer que lo más importante de la presentación no son ellos sino tú. O de lo contrario, tu reputación como presentador quedará condenada a vagar para siempre en la oscuridad de las tinieblas!!

2.- Contarlo todo

Otro causa de terror entre aquellos que va a escucharte es tener la sensación de quedarse atrás. La sensación de no ser capaz de seguir tu presentación por un exceso de información que les desborda y no consiguen digerir.

De nuevo, cuando eso ocurre, el mismo escalofrío de antes les recorre todo el cuerpo: vuelven a perder el tiempo. Y eso les aterra.

La clave para no cometer este error, enlazado con el punto anterior, reside en la audiencia.

Para ti, que dominas el tema, todo va a ser importante y todo merece ser contado. Por eso te resulta tan difícil simplificar y eliminar ciertas informaciones. Así que no debes pensar en tí cuando decidas qué debes contar sino en el público.

¿Qué aspectos van a ser importantes para ellos? ¿Qué partes del “temario” necesitan conocer sí o sí  y cuáles resultan irrelevantes para sus vidas personales o profesionales?

No quieras contarlo todo. No seas tan iluso de pensar que todo el mundo va a estar interesado en todo sólo porque tú lo encuentras todo interesante. Elige bien qué contar y qué no y te habrás salvado. Satúralos de información y serás crucificado como presentador.

3.- Leer las diapositivas

Otra cosa que asusta mucho a tu público es cuando al escucharte tienen una sensación de dejà-lu. Es decir, que aquello que escuchas tienes la sensación de haberlo leído antes.

Y, por desgracia, eso ocurre muy a menudo.

Algunos ponentes se ponen a leer literalmente las diapositivas durante sus presentaciones como forma de tener seguridad al hablar en público. Leen y, de este modo, no se olvidan absolutamente de nada.

Bueno…. en realidad sí que olvidan una cosa. Cuando el oyente tiene la certeza de que aquello que escucha es lo mismo que puede leer en las diapositivas, la sensación escalofriante de estar perdiendo el tiempo le invade de nuevo.

¿Por qué no me habrán mandado las diapositivas por mail en lugar de hacerme perder el tiempo leyendo y escuchando a la vez?

La solución reside en el diseño de las diapositivas. Cuanto menos texto contengan, más fácil será no leerlo literalmente. Así que esfuérzate en hacer unas  slides lo más visuales posibles.

No uses tus diapositivas como el guión de tu presentación. No lo leas, o de lo contrario tu reputación y credibilidad sufrirán de forma inhumana y la atención de tu audiencia desaparecerá para siempre.

4.- Memorizar el discurso

Quizás porque intentan evitar el punto anterior, algunos ponentes cometen otro tipo de error. Saben que no pueden leer las diapositivas, pero siguen necesitando la seguridad de saber en todo momento qué es lo que deben decir. Y por eso memorizan palabra por palabra su discurso.

Y cuando salen al escenario, se convierten en muertos vivientes. Presentadores que están ahí, hablando, pero completamente ausentes, absortos en las palabras que intentan recordar para poder hacer su discurso.

Presentadores sin vida, sin alma, sin pasión. Presentadores que no transmiten y, por lo tanto, sin naturalidad ni credibilidad.

Para evitar este error, debes tener claro la sutil diferencia que hay entre memorizar un discurso y sabérselo de memoria.

Parecen lo mismo pero son cosas distintas. Memorizar implica invertir parte de tu tiempo en estudiar el discurso para ser capaz de reproducirlo luego palabra por palabra. Sería empollar el texto. En cambio, saber un texto de memoria no implica necesariamente haberlo estudiado.

Hemos hablado en ocasiones anteriores de que, a pesar de que nunca nos empollamos una canción que nos gusta, sí somos capaces de cantarla de memoria porque de tanto repetirla al final nos la hemos aprendido. Y para las presentaciones, ese debería ser el camino a seguir.

Ensaya, ensaya, ensaya y con cada repetición, el texto se te va a ir quedando grabado. Serás capaz de decir fragmentos enteros siempre del mismo modo, pero al no haberlos memorizado intencionadamente, tendrás la flexibilidad suficiente como para poder realizar algunos cambios sobre la marcha sin quedarte en blanco.

No intentes memorizar tu discurso si no quieres convertirte en uno de esos muertos vivientes que se suben a un escenario para reproducir de carrerilla y sin ningún tipo de espíritu sus discursos.

¿Cometes alguno de estos 4 errores? ¿Se te ocurre alguno más? Gracias por dejar tu comentario.

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